En 1997 me hice fanático del boxeo. Peleaban Roy Jones y Montell Griffin por el título de los semipesados. En la primer pelea habían descalificado a Jones por haber dado un golpe tardío, mientras su rival estaba en la lona. La revancha se antojaba espectacular. Y lo fue. Nocaut en el primer asalto con un gancho asesino de izquierda por parte de Jones.

Hay una semilla básica que atrae a todo mundo que ve un cuadrilátero. Nos fascina la violencia. En cada uno existe la necesidad de destrucción porque es imposible vivir en paz perpetua. Requerimos lucha que dé sentido a la reconciliación. El camino del héroe. Sin lágrimas no hay gloria.

Baricco dice en City que Larry Gorman no tiene vocación de peleador, en boca de su entrenador. Y en efecto, así parece. Es un hijo de papi que está forrado de billetes y lleva una vida más burguesa que un miembro del politburo. Es más, en algún momento llega a venderse en una pelea, representando lo más cercano a un Werther cínico.

Pero nada es lo que parece. En una siguiente escena de la novela, vemos a Gorman saltar la cuerda en un gimnasio de hotel maloliente a las 5am. Todos duermen, hay un silencio rotundo. Se aprecia un estertor naranja en el horizonte. La noche se está despidiendo. El burguesito siente la alegría más grande de su vida. No es la gloria, no es el dinero, no son las mujeres; es simplemente saltar la cuerda con violencia, con coraje. Eso vale más que 20 millones de dólares.

Y así, sin esperarlo, Gorman gana el título yendo contra los deseos de su entrenador. “El boxeo es para los que tienen hambre, no para ti Larry”. Periodicazo en el hocico, dirían los del Twitter.

Así como Gorman, Roy Jones le calló la boca a todos; a los de HBO, a su rival, al árbitro, a los griegos y hasta a los pacifistas. No hay redención sin guerra. Las guerras que luchamos a diario no se ganan con susurros, sino con inteligencia, manejo de pies, jabs de derecha y movimientos de cintura. “Defiéndete de ese niño o yo misma te golpeo”, le dijo mi madre a mi hermano. Y resultó. Él hizo un nocaut y ahora es un hombre sin miedo, como Maggie en Million Dollar Baby, la Barbie Juárez y el resto que no tienen otra sino pegar, pegar, pegar, pegar y pegar; hasta que la puta vida vaya a una esquina con sangre en la nariz y diga NO MÁS.

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