Un pato sube a toda velocidad por una cuesta en las Bahamas. Va casi vomitando. Le sudan las patas traseras como pollo en rosticería. Para motivarse piensa que es Natalie Portman envuelto en un capa negra de cisne elevándose por los cielos. Nada de eso. El muy babas se ha caído de la bicicleta, dándose tremendo madrazo en las nalgas.

Su vida no es nada sencilla. La esposa piensa que acompaña a la vecina, cargándole en el mercado su rebozo de bolita. En el trabajo la pasa mal, porque en vez de hacerse el muerto cada que el balín de la feria roza su ala, saca su AK-47 y le da con todo a los clientes del puesto de Don Rogaciano. Tiene un pretexto muy válido, no es muy buen actor, por eso mejor hay que tirarle a las escopetas.

Sólo hay una cosa por hacer. No es agradable, tampoco ideal, pero es lo único que solucionaría sus problemas económicos y existenciales. Hacerla de patito de hule en las albercas de fiestas infantiles. Ahí no hay bronca. Los niños son agradables y lo podrían tratar con respeto. Nada de gritos y sombrerazos. Además significa una excelente labor social, porque ahí podrá defender a los niños bulleados de sus agresores y obtendrá un bonito bronceado lunar.

Nomás que hay un problema. Si le sigue quemando las patitas al diablo, en vez de cantar ¡na na na na na na na na na nana Cuacman!, va a decir: ¿Por qué este puto Batimóvil que me rentaron no tiene acelerador?

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