Nació en un buen día, decían. Su madrina se divorció al enterarse de que su marido era un maniquí. El dólar subió 200%, Locomía se separó, las abejas se quedaron sin personas por picar y un árbol se quedó calvo en plena primavera.

Tan buenos augurios le merecieron el nombre de Fortunato. ¡Vaya que hizo honor a su nombre! Cuando en la escuela contagió de sarampión a todos sus compañeritos, se le presentó el fantasma de Fernando VII con la consigna de 3 deseos a cambio de 9 euros para comprar una nueva corona de latón.

El niño, que amaba el puchero y odiaba a su padre, no vaciló ni por un segundo. —Deseo la Tercera Guerra Mundial, que revivan los dinosaurios y a Pep Guardiola como entrenador de la selección española de baloncesto.

Y el rey felón cumplió con creces. Esta vez no fue Alemania la que comenzó todo, tampoco España. El maldito presidente de Corea del Norte se atragantó con uvas pasas importadas de Guatemala. Ahí explotó todo. Centroamérica hizo caso omiso, el coreano envió una carta bomba de flatulencia, Estados Unidos disparó a una base japonesa con pistolas de mocos y ahora está de moda, en vez de dar la mano, saludar culo con culo y cagar de pie.

Lo de los dinosaurios casi mata de un susto a la madre del pequeño. Se hacían del baño donde se les pegaba la gana en el jardín y jugaban a las guerritas intergalácticas con los aviones que capturaban justo al elevarse por los cielos. Resulta que varios murieron porque el calentamiento global les derritió el cuello y las patas traseras. Ahora parecen patos chapoteando en la mar.

La cereza en el pastel fue lo de Guardiola. Su tiki-taka provocó un sin fin de lesiones en la espalda en los grandotes de dos metros. Jugar por abajo revolucionó tanto el juego, que la NBA tuvo que modificar la altura de la canasta a 1cm del suelo. Y España ganó la medalla de oro con el promedio de estatura más bajo de la historia. El equipo fue bautizado como “LAS PULGAS QUE TE VUELVEN CUADRAPLÉJICO”.

Llegó el día de paga. Fernando VII fue a tocar a la puerta del niño. Esperaba que a su lado fueran capaces de reconquistar América. Serían inseparables. Al abrir la puerta se llevó una enorme sorpresa. Fortunato no se hallaba en casa. Sólo dejó un recado para el destronado rey.

“Me fui a jugar. Usted no ha cumplido el trato. En martes 13 ni te cases, ni te embarques, ni pidas dinero a cuenta. Pedir deseos es de mala suerte. Ahora, ¿de qué hostias me sirve ser un enano como usted? Nadie me ve y todos en la Tierra son felices. Del tamaño de una pulga ¡Puaj!

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