Dejarse ir. Hasta el quinto infierno. Nadie atraviesa la ciudad de punta a punta a menos que necesite un sanitario. La tetera puede esperar. Que silbe por dos horas más y despierte a los vecinos. Ningún pez ha muerto por beberse un océano helado.

En Zócalo se sube una marabunta. Un padre sostiene la barra de pan más fuerte que la mano de su hijo. Un violinista desnutrido termina por asesinar a sus cuerdas hambrientas por unas monedas. Ellos merecen cárcel perpetua.

En San Antonio Abad el frío arrecia. Las prostitutas comienzan a reclinarse sobre su poste. Se hacen señas entre ellas. Dejan pasar a un tipo que todos los días les pregunta la hora a pesar de tener reloj. Nunca confíes en alguien con un peso en el bolsillo y una lengua floja. No apta para besos en horarios de ayunas.

En Xola se posa el silencio. Un corte de luz ha parado al convoy de golpe. Alguien silba una tonada fúnebre. Otros ríen porque la suegra está enferma. Tres niños se ponen a apostar en el póquer. El ganador se lleva unos chocolates de menta. A la gente no le parece extraño quedar varada. Ya es un estado natural que se les ha adherido a la piel. Se sienten seguros. Por dentro no quieren llegar a su destino. Prefieren quedarse a llorar por el amor que no fue.

Taxqueña. Fin del camino. Ha llegado la hora de la verdad. El muchacho que vino con las manos sudadas, todo el camino, tendrá que confesarle a su madre que lo despidieron del trabajo. Otro irá a su casa a preparar los últimos detalles del asalto a la farmacia a medianoche. Un par de chicas, que no se han visto en años, se juntarán para comer un pastel. Ellos tienen planes. Él no. Se queda absorto, viendo hacia la nada. Se imagina que está en un camastro en alguna playa del Caribe. Allá no hay ratas o túneles terroríficos. Un baño de sol diario sería suficiente, junto con una piña colada.

Una voz perdida entre la multitud dice: <<ey, chofer. ¿Cuándo te vas a cansar de viajar?>> Él, muy ufano responde: <<Hasta que deje de haber borrachos como tú que ya no necesiten que los lleven seguros a casa>>.

La tetera no explotó. Sigue indemne sobre la mesa. El chofer se sienta en un sillón. Respira aliviado. <<Que ya se acabe, que ya se acabe>>. No ha bebido en 3,943 días. No lo hará hasta que llegue al caribe y su viaje sea sin retorno. La redención del alcohol perdonará sus pecados… <<eso espero>>.

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