Se detuvo en Apizaco porque le dijeron que ahí podía encontrar la mejor barbacoa. Tenía 15 días que no cenaba. Con su barba tostada por el sol parecía un profeta desterrado.

Probó bocado. El sabor le recordó a Don Cecilio, que un día tuvo que sacrificar a todos sus borregos porque se les metió el diablo. Estaba más seca que una palma de Jerusalén. Resultó que era famosa porque al probarla se te concedía el don de la terquedad.

Así logró llegar hasta Tamaulipas. Una noche se quedó dormido en un rastro. Lo que no sabía es que ahí abandonaban cuerpos. Con gran sorpresa despertó cuando al otro día un brazo lo abrazaba. Pensó que lo rodeaba el cobijo sanador de un paisano contra el frío. Nelpas. Alguien le había puesto un brazo mutilado encima de él, como si se tratara de una mala broma. Quedarse dormido con cara de cansado le salvó la vida.

En Reynosa se topó con unos campesinos que venían de la cosecha. Muchos no tenían dientes y bebían aguardiente de una misma botella. Cantaban canciones de la Revolución y hasta de Maribel Guardia. Lo dejaron en un camino de terraceria que daba a unas cuevas hasta Brownsville. Meta lograda.

Lo encontraron al cabo de dos semanas en un basurero. Olía a perro muerto. Tenía en el pecho una hamburguesa de MacDonald’s recién hecha. Lo despertó el olor a carne jugosa. Tenía mucho que agradecer. La policía pensó que era Keanu Reeves de farra. Menos mal que había cambiado su rastrillo por un disfraz de pastorela.

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