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Los billetes comienzan a volar. Te mantienes alerta. Nunca es bueno festejar antes de tiempo. Tienes que estar concentrado. Comportarte como un profesional. El guardia que iba manejando la camioneta de valores se arrastra por el suelo a duras penas. Dani acaba con su agonía con un balazo en la cabeza.

Suenan las sirenas. Tienen 10 minutos. Ariel saca las bolsas y Gustavo comienza a recoger el dinero. Tú, en la retaguardia cubres la zona. El arma huele a nueva. Deseosa de entrar en combate. Aún no es tiempo.

—¿Cuánto es?— grita Dani desde el flanco izquierdo. —30 millones, son 30 millones, ¡hoy es tu día de suerte, pendejo!— responde Gustavo emocionado. El gran golpe ha caído. Con esta lana te vas directo a Costa Rica para nunca más volver. Adiós a asaltos piojosos a Farmacias y Supermercados que no dejan nada.

—¡Vámonos¡— grita Ariel. Daniel se acerca con un auto al que acaba de volarle los circuitos. Todo pasa muy rápido. Es como una peli de Nicholas Cage. —¡Alto ahí— la voz suena demasiado aterciopelada como para crear peligro, pero todos se quedan congelados por simple inercia criminal. Volteas. Es un niño. Parece que está jugando a los vaqueros. Tiene un arma de plástico y un sombrero a la Toy Story. ¡Bang, bang!

—Ey, morro. Vuelve a casa. No hay nada que ver aquí— le dices. Él no se mueve, ni dice nada. Sólo se ríe, como sólo un niño podría hacerlo. —Dale un billete y vámonos, cabrón— grita Gustavo. Tú te acercas. Es sólo un juego. Matar o vivir. ¡Qué niño tan tierno!

—Levanta las manos, hijo de puta! ¡Están rodeados! Movimiento de tenaza. Jaque mate. Dos polis gordos escondidos detrás de una pared abrazan al niño. Lo felicitan. —¡Carajo! ¿Quién lo habría pensado?

—¡Por el honor!— grita Dani. Comienza una lluvia de balas más fuerte que un sitio de narcos. Todos contra todos. Llegan los refuerzos. Ariel se deshace de una patrulla con su AK-47. Gustavo mata a tres con su revolver. Dani con la ametralladora dispara a las llantas. Él siempre un paso adelante.

Se disipa el humo. Los lamentos cesan. Es un reguero de sangre por doquier. Vísceras, pedazos de cerebro, piernas cercenadas. Te palpas el cuerpo. No estás herido. Estuvo cerca. Se oye un susurro. —Auxilio, auxilio. Es el niño. Su brazo sangra. Esto no puede ser. Se supone que era un juego. Nunca vayas a la guerra sin fusil.

Te acercas. Hay que llevarlo a un hospital. No puede morir. Aquí no. Clic. Se oye el sonido mortal. —Tú no vas a ninguna parte, puto. Un pinche poli gordo sobrevivió. ¡Maldito bastardo! ¿Crees que usando al niño como escudo humano vas a salir de aquí?

Ahí estás. Frente a frente. Asesino vs vengador. Bien vs mal. Y un inocente en el medio. —¡Vámonos ya, culeros¡ ¡Esto se va a calentar más!— dice Dani. Pero tú no puedes irte así como así. ¿Qué vas a hacer? ¿Vas a matar a los dos? ¿Te quedas? ¿Sacrificarías tu vida por la de un inocente y un poli? Bang, Bang. La vida es sólo un juego.

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