Noveleta sin pretensiones

Artwork de Muffin Shamwow™

Capítulo 5

Silvia nunca se pudo olvidar de la sonrisa macabra de aquel payaso con los dientes podridos y el maquillaje revuelto con la sangre. Todavía se acordaba de sus gritos ensordecedores, pidiendo ayuda. De noche todos los gatos son pardos, excepto un ex convicto inocente.

En Donceles, esquina con Palma, quedó muerto Cayetano. Un merolico, mimo y vendedor de tamales que su único pecado había sido robar unos cuernos de chocolate para alimentar a su familia. Lo refundieron en la cárcel 10 años. Al salir, no tenía a nadie. Ni un amigo con quien encontrar refugio. Dormía en la calle. Comía peor que un perro.

Tras un par de meses a la intemperie, un cuchillo delator atravesó su alma. Con las tripas de fuera, caminó en busca de una redención que terminara de un jalón con su sufrimiento. Nadie se le acercó. Nadie se atrevió a darle la última estocada. <<Auxilio, por favor>> <<Mátenme ya, que me duele la vida>> Silvia lo retuvo en sus brazos cuando ya no pudo sostenerse en pie. Su padre, trató de quitarla. Fue inútil. La niña se aferró como quien abraza a su muñeca en la obscuridad. Le cerró los ojos y ahí quedó todo.

Los cuatro amigos parapetados detrás de la mesa de atención a clientes. Afuera, llovizna de bengalas y sirenas. La noche es una bestia hambrienta que no los dejará en paz hasta probar al menos un bocado. Un regusto a ladrón asustado con sal molida de las estrellas.

—Esos putos no van a tener ni un pedazo de mí. Que les quede claro —dijo Andrés.

—¿Y ahora qué carajos vamos a hacer? —preguntó Leonardo.

—Nos van a rafaguear esos ojetes —murmuró Valeria.

—Saldremos por la puerta principal. Ustedes tranquilos y yo nerviosa —dijo Silvia con suma tranquilidad.

—¿Te has vuelto loca? —contestó Andrés.

—Es hora de abrir el telón.

Candy Candy reunió a sus compañeros y formó un círculo junto con los rehenes. Les pidió que se sentaran en la postura de loto con los ojos cerrados. Afuera no importaba que se hubiese desatado una jungla, el objetivo era calmar los ánimos y relajar a los niños. Un silencio trajo un aire frío que puso a todos los pelos de punta. <<Imaginen un viaje, lejos de aquí.>> <<Han cruzado Periférico hasta las Torres de Satélite. Atrás quedó el tránsito a vuelta de rueda. Son libres.>> <<Ya llegaron a la playa. Está sola. Sin que nadie los moleste. Túmbense en la arena y miren hacia el horizonte.>> <<Los barcos flotan a lo lejos. Se deslizan como en una pista de hielo. Mírenlos. ¿Ya vieron? Se desaparecen después de un rato al cruzar la rayita. Igualito a Buzz LightYear. ¡Al infinito y más allá!>> <<¡Escápense!, ¡huyan con ellos! Ustedes también pueden irse. ¡Patitas pa que las quiero!

Andrés, el líder, tiene el cuello perlado en sudor. Está tenso. Sus piernas le aprietan el regazo como un par de agujetas mal amarradas. Le cuesta sostener la concentración. Aprieta el puño para no perder el balance. Leonardo, se ha quedado dormido, o al menos en suspenso. Ronca como un cochino que ha acabado de comer. Casi podría decirse que levita. Sonríe. Inclina la cabeza hacia un lado, como si quisiera escuchar un consejo. Valeria balbucea vocales ininteligibles que poco a poco cobran forma en melodías pegajosas. Mueve sus brazos como si estuviera nadando. A toda velocidad. Es como un salmón corriente arriba. No la frena nada. Canta. <<Never gonna give you up, never gonna let you down, never gonna run around and desert you…>>

—Tierra llamando a Líder. Repito. Tierra llamando a líder —murmura Silvia.

—¿Eres tú la que me llama? o ¿Acaso estoy soñando? —contesta Andrés.

—Sí, soy yo. Quiero que te levantes muy despacio, sin molestar a los rehenes. No la vayas a cagar.

—No puedo. Siento que mis piernas son como dos sacos de cemento.

—Claro que puedes. ¿Ya se te olvidó lo que te enseñé?

—Es que ya me estoy malviajando y tengo miedo de que se me suba el muerto.

—No digas estupideces. Bueno. Está bien. Si te paras y consigues llegar hasta donde están las ventanillas, te doy un beso. Ese es tu sueño. ¿O me equivoco?

—A sus órdenes su majestad —contesta Andrés, que se levanta como un resorte al instante.

—Levanta a Vanilla Ice y a Zorro 2, también. Con cuidado, no vayas a regar el mole de olla —murmura Silvia.

Candy Candy se dirige a una de las valijas y piensa. ¿Cuáles habrán sido las últimas palabras de Cayetano? ¿Un payaso puede hacer reir a la muerte? ¿En el cielo se aceptan los chistes de gallegos? Las manos le tiemblan, como cuando se quedaba sola en casa y no podía dormir en las madrugadas. Para ir por un vaso de leche tenía que caminar con los ojos cerrados. Nunca le dio pena aceptar que tenía miedo a la oscuridad. Pero ese miedo no la bloqueaba, sino al contrario, la empujaba siempre a lanzarse al vacío. Era como una adicción que no se quitaba. La única manera de viajar hasta los confines de Marte si era preciso. A los doce se había convertido en una budista vegetariana aficionada a los lanzamientos de cohetes de la NASA.

Ya reunidos los cuatro en bolita. Silvia no se amedrenta y con voz delicada, pero firme, no se deja llevar por la incertidumbre.

—Bien. Ahora dispónganse a hacer lo que yo diga —dice Silvia.

—Lo que tú digas Candy Candy— contestan a coro sus 3 camaradas.

—Miren. Ahorita estos inocentes están en la lela. No saben lo que está pasando. Los hipnoticé. Voy a contestar este teléfono y le diré a la policía que nos consiga tres limusinas para salir de acá sanos y salvos.

—¿Y qué tal si nos quieren trampear en el camino? —dice Valeria.

—Por eso tenemos nuestro as bajo la manga. Leo. Tú agarra las bolsas y mete el dinero de la bóveda. Fácil. Líder va a separar a los niños de los adultos. A los peques déjalos amarrados en la bóveda ahí quietecitos. No les vamos a hacer nada a los pobres. Y tú Vanilla Ice. Empieza a maquillar a todos con este kit de payasos que traje. Tienes que hacer la sonrisa lo más macabra posible. Así, la polícia no nos va a poder tirar porque no va saber quienes son rehenes y quienes ladrones.

—¡Oh, brillante! ¡Eres una genio! —gritan los 3 camaradas de Candy Candy a coro.

—¡Silencio! ¡Todavía no he acabado! —dice Silvia.

—¿Qué falta? —pregunta Leonardo.

—Las limusinas nos tienen que llevar hasta el aeropuerto. Los rehenes no serán liberados, sino hasta que lleguemos. Como garantía, los niños serán nuestro seguro de vida. No les va a quedar de otra que dejarnos ir —dice Silvia.

—No estoy entendiendo. Si los niños se quedan sin hacer nada, fácilmente podrían tirarle la sopa a los tiras. Ya conocen nuestras caras y nuestras voces. Les podría valer madre y balearnos justo cuando soltemos a los rehenes —contesta Andrés.

—Elemental, mi querido Watson. Pero te has olvidado de una cosa. Sigue la mini fuga de gas que abrió Valeria para el truco de la galleta, ¿cierto? Allá abajo se sigue acumulando. Leo puede colocar una granada de fragmentación con un cable para que funcione como bomba —dice Silvia sin temor alguno.

—¿O nos dejan ir o volamos a estos niños? ¿Eso es lo que quieres decir? ¡No mames! Eso está cabrón. No nos podemos llevar ese peso a cuestas —responde Valeria.

—Son ellos o nosotros. Ustedes voten. ¿Quieren ir al reclusorio? ¿O gozar una megafiesta en Tulum?

—Dijimos claramente que eso nunca lo haríamos o ya se les olvidó aquella noche —balbucea Leonardo.

—Ay, corazón. ¿Nunca te han engañado con una paleta payaso para que termines la tarea? Al final la acabas y llegas al refri, pero no hay nada. Sin embargo, cumpliste. Se llama blofeo, mentira, fingir, pretender. Obvio, no vamos a explotar la bóveda con los niños dentro, sino a simular que lo hacemos —dice Silvia.

—Pero, antes necesitarán una prueba, ¿no? Para que vean de lo que somos capaces —dice el líder.

—Bien. Quítale la chamarra a uno de los niños y pónsela al hombre paja que trajo Andrés. Lo voy a ejecutar enfrente de esos judiciales que nos quieren comer vivos.

Silvia toma el revólver con gran clase. Ha visto en una sola semana un maratón de películas de James Bond, sólo para estudiar la forma en la que deben ir colocados los dedos alrededor del gatillo. Las luces no la desorientan. Tampoco los gritos amenazadores de cientos de hombres que la quieren ver muerta. Ella está un paso adelante. Dos cuando la situación está al rojo vivo. Ha soñado con este momento desde que leyó Crimen y Castigo. Le puso Raskolnikov a su perro labrador cuando le trajo su primera paloma muerta. Es ahora o nunca.

—Ey, policías. ¿Quieren ver una película bien cool en tercera dimensión? —grita Silvia con la frialdad de un asesino serial. ¡Bang, bang! La sangre de mentira empieza a chorrear por todos lados. La cabeza del hombre de paja revienta con menudencias de látex que pintó Andrés la noche anterior.

La policía se queda horrorizada. Están muertos de miedo.

—Les doy quince minutos para cumplir con nuestras demandas, o si no, otro niño morirá —grita Silvia.

De vuelta en el banco, sus compañeros aplauden estupefactos. Parecen asistentes a una obra de recién estreno en Broadway. Se sienten intocables. Están en el séptimo cielo.

—Falta una cosa. ¿Cómo vamos a “detonar la bomba? —pregunta Leo.

—¿Todavía cargas contigo tu tapete ese del Nintendo como sensor del suelo cuando tiembla? —dice Silvia.

—Obvio.

—Conéctalo como detonador. Si esos gordos no duran bailando mínimo diez minutos, ¡adiós nicanor! Hora de volver a los noventa. ¿Qué les gusta más? No rompas más o Payaso de Rodeo. Hum. ¡Ya sé! Mejor, Ambos. Espero que se sepan la coreografía. Si les pongo una del INBA no van a saber qué hacer.

El sargento Jiménez alinea al escuadrón. Algunos están en forma. Otros tienen diabetes y obesidad mórbida. Están sudando la gota gorda antes siquiera de empezar. Comienza el remix.

Cruzando la frontera me encontré con el
Era un tipo medio raro pero me cayo bien,
Me dijo viajo en carretera espero pronto
Llegar al rodeo que me espera allá.

¡Vamos! ¡Muevan esas piernas!

Me dijo con certeza que no hay mas emoción
Que romper un sombrero disparar un cañón
Salvar la vida de un jinete cuando mal anda su suerte
Soy payaso de rodeo, ho.

¡Sigan saltando! ¡No se rindan!

Les digo ven, ven, ven, animalito ven,
Ven y sígueme y veras lo que vas a aprender,
No ves que soy muy poco artístico
Muy listo muy gracioso soy payaso de rodeo, ho.

¡Ya casi! ¡Sálvemos a los niños!

Así llevamos largo tiempo luego se marcho,
Dejándome un mensaje que recuerdo hoy
Lo peligroso es gracioso
lo difícil es hermoso
lo mas grande es el rodeo, ho.

¡Ordóñez, no se detenga! ¡Por el amor de Dios!

Me dijo con certeza que no hay mas emoción
que romper un sombrero disparar un cañón
salvar la vida de un jinete cuando mal anda su suerte
Ser payaso de rodeo, ho.

¡Un esfuerzo más! ¡No se rindan!

Les digo ven, ven, ven, animalito ven,
Ven y sígueme y veras lo que vas a aprender,
No ves que soy muy poco artístico
Muy listo muy gracioso soy payaso de rodeo, ho.

¡Ordóñez! ¡Nooooooooooooo!

Explota una bomba. No hay denotadores a prueba de cansancio .En el cielo también se ríen de los chistes de gallegos, dijo alguna vez un payaso al que le decían Cayetano. Que murió solo. Sin público que lo escuchara. Junto a una niña que lo estrechó entre sus brazitos con una sonrisa que parecía venir de otro mundo.

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