Noveleta sin pretensiones

https://www.pinterest.com.mx/pin/329536897705377161/

Capítulo 13

Yo no tengo fama de destapa-caños, y a menudo me equivoco en darle consejo a la gente. Es que, ¿cómo puedes saber lo correcto si desde pequeña te enseñaron a desconfiar? Creer en una misma requiere años de práctica; para muestra lo que pasó en aquel restaurante.

Yo le dije a Valeria que no era necesario usar sus clásicas tácticas de seducción; el tipo ese ni siquiera la pelaba o era demasiado listo para no perder ni un segundo su tequila con Coca Cola cada vez que se iban de fiesta.

Creíamos que por sólo el hecho de ser atrevidos ya bastaba para pretender que sí encajábamos en ese mundo. Craso error. Un vendedor de droga no entrena en su casa con el videojuego de Cara Cortada y sale, después de dos semanas, experto en manejo de armas y lesbianas incomprendidas. No. Vive en la calle, respira temor.

Nueve de la noche. El gerente da la orden de levantar las mesas. Valeria, detrás de los hornos está hecha un manojo de nervios. Me molesta porque cuando pasa eso empieza a culpar a Andrés de todo y se pelean horrible. Leonardo, como siempre, finge no estar ahí y se va por la tangente. Se nos acaba el tiempo. El comerciante está esperando una respuesta. Estamos fritos. Ya podemos darnos por muertos. Pero no, eso sería sencillo en demasía, no mato en los aerobics a diario como para no saber que cardio sin pesas no sirve de nada.

<<¡Cállense, idiotas! Los va a oir el señor y aquí mismo nos matan a balazos.>> Respiro y me tomo mi licuado de apio que siempre me acompaña para limpiar el estómago. “Las tripas contaminadas nublan el pensamiento”, decía mi abuela. Les digo fuerte: <<A ver. Vamos a hacer esto. Le voy a llevar esta botella de vino al señor como cortesía de la casa. Wey, neta son unos pendejos. De esta ya no vamos a salir, pero podemos comprar tiempo y decidir qué hacer. Le decimos que vamos al laboratorio porque ahí tenemos una sorpresa extra. El tipo, como que se las va a oler, pero ya ni modo. El chiste es irle bajando el enojo. Ya una vez en el lugar le decimos la verdad. Así, directo a la yugular. Tenemos dos opciones. O nos mata ahí mismo o nos da una especie de pase momentáneo en lo que le reponemos lo que se llevó ese maldito Simi.>>

Lógico. Nadie me cree. Creen que estoy loca y que mi idea no va a funcionar. Como es lógico, tratan de idear sus propias salidas, pero ya es muy tarde. Están tan cerrados que no se les ocurrirá nada. <<No se preocupen, van a ver que sí va a funcionar, pero tienen que actuar honestos. Basta ya de mentir. Acéptenlo. Ya estarían fritos en el mundo de Al Capone, agradezcan que nos metimos con botargas y osos de peluche>>.

Adelante. Tomo la iniciativa y los dejo hablando solos. Se siguen culpando por cosas que pasaron hace años. No se dan cuenta de la inutilidad del rencor para solucionar problemas en el presente. ¿De qué me sirve escupirle al cajero por cobrarme doble el pan sin gluten?, si de todas maneras la tienda ya me está cobrando cien pesos más hasta por respirar el aire de Las Lomas. No, señora. El helado sí tiene grasa. De nada sirve que se le pase corriendo horas detrás de su chofer, si sigue comiendo como cerda.

<<Buena noche, señor. El gerente le envía este obsequio. Deseamos que pronto vuelva a visitarnos. El señor Martínez, que estaba en su mesa, nos dejó un mensaje para usted>>. Pues sí. De algo me tuvo que servir quedarme hasta tarde con mi hermano viendo “Otro día para morir”. Nunca había visto a Pierce Brosnan tan guapo. Es un sueño. Hago la entrega de una caja lujosa de Olinalá, la lleno de algunos billetes de 500, un puro y una simple hoja cebolla. Elegante. “No puedo entregarle lo convenido aquí. Nos observan. Pase al mundo de los sueños.” El señor y su acompañante sonríen. No parecen tan convencidos, pero eso nos da ciertas esperanzas.

Se sube a su BMW. Nosotros al vocho de la mamá de Leo. Hace ruido, pero esta Ciudad es una jungla y vestirse como el depredador no es el movimiento más convincente. Mis amigos están mudos. Por primera vez me doy cuenta de que hay ciertas partes de ellos que desconozco. Está bien tener secretos para uno mismo, pero no está padre vivir como si cualquiera cosa diera igual escoger X o Z. Bien. ¿Quieren jugar a los encantados? ¡Perfecto! Por mí, no hay problema, pero a ver qué le dicen al señor cuando lo tengan frente a frente y le expliquen que no tenemos cómo pagarle.

<<Pinche Silvia, ¿Cómo puedes ser tan fría?>> ¡Ahora resulta! Una se levanta temprano para prender el calentador y hacer los hot cakes, y la tonta nena prefiere quedarse en cama todo el día. A veces Valeria me decepciona feo. No le respondo de inmediato y pongo a Luismi en el Ipod porque el vocho no tiene estéreo. Ajá. Qué casualidad. “Fría como el viento, peligrosa como el mar, dulce como un beso. No te dejas amar…” Andrés voltea a los lados como paranoico, como si se hubiera creído la mentira de que estuvo en el restaurante como policía encubierto y Leo al menos ya se puso a hacer algo y le saca brillo a las pistolas de juguete que trajimos para que al menos parezcan verdaderas.

<<Bueno, ya acabaron con sus chistesitos, ¿cierto? Se me acaba de ocurrir algo. No les va a gustar, pero dadas las circunstancias es mejor que se vayan acostumbrado a lo inevitable>>. Les explico que, en efecto, el señor puede que guarde la compostura unos minutos, pero después sí nos va a querer matar. Ahí entra la habilidad de Valeria, que ya para que le dieran el estelar de Cats es que algo ha hecho bien. Que se retuerza un poco y así dará un poco de lástima. Leo parece autista así que él no necesita actuar. Si le pongo el Ipod a volumen bajito con una melodía de Stravinski, ya no hay de qué preocuparse. Andrés se tiene que poner los pantalones y ofrecer los términos de cómo le vamos ir pagando al señor. Como lo conozco y, desde luego, va a querer pedir cosas descabelladas, ahí entro yo y le confío en que puede contar con nosotros para hacerle los trabajos que el quiera. Da lo mismo de qué; chofer, nana, vendiendo cocaína en los antros, recolectar, lo que sea.

<<Ajá y así tan fácil se va a dejar, ¡no seas ilusa, Silvia!>>. No he acabado. Por supuesto, nadie dijo que fuera fácil, pero es el único plan. El único que puede ponerse en marcha de inmediato, y que no requiere ponerse romántico o demasiado estúpido para querer ir con la policía. Falta la mejor parte. Ese impostor de Simi cree que nos ha engañado, pero se metió con la que no debía. Con mi Valeria. Sí, es medio tonta a veces, pero la quiero. Así es la amistad. En las buenas y en las malas. Lo vamos a forzar a que vuelva. ¿Cómo? Secuestraremos a su mamá. La obligaremos a que nos diga cómo localizarlo. No va a tener de otra. La conocimos en la fiesta, cuando fingíamos ser segunda de Valeria en la compra de buena mercancía.

<<¡Vaya! Esa sí que es buena. Ahora no sólo vamos a ser dealers de verdad, sino que además tenemos que visitar al Mocha-orejas para que nos dé unas clases magistrales>>. ¡Ay, no inventen! Ni que fuera tan complicado raptar a alguien. Nos la llevamos al panteón y ahí hacemos dos hoyos. En uno metemos a la señora. Obvio, no la vamos a enterrar viva. Le haremos una caja especial tipo Houdini y un tanque de oxígeno para que pueda respirar. En el otro, pondremos el dinero falso que Valeria le pensaba dar al comprador, para ver si a ese Simi le importa más la vida o la ambición. He visto en muchos programas de tele a esos criminales que no les importaría vender a su propia madre con tal de acaparar más riqueza. De verdad, están enfermos.

<<He estado en este negocio por más de veinte años y nunca había visto semejante chingadera>>. Sí, señor. Mea culpa. Por mi culpa, por mi culpa, por eso ruego a los Muppet Babies y a las más de mil tortugas ninja que mataron de forma salvaje en un laboratorio para crear la caricatura. No culpe a mis amigos. Culpe a los ventajosos. A los que no tienen lealtad. A los doble cara. Ellos tienen la responsabilidad de que este mundo sea una mierda. <<Temo que debo…>> Clic. Obvio. Ninguna escena de dramaturgia o cine estaría completa sin el sonido del martillo de un revólver justiciero. Haga lo que tenga qué hacer.

<<Sé que la cagamos, señor. Pero, piénselo de esta forma. Si nos mata no recuperará su dinero y encima su reputación estaría manchada porque el verdadero culpable no pagaría y nosotros sí. ¿Cree eso justo?>> Lo digo con la mayor convicción posible. Mis ojos no mienten. Habré podido engañar a un ex novio, a mi mamá porque no le avisé sobre mi operación de pechos, a mi hermano porque no le dije que su futura esposa le fue infiel la noche antes de la boda y a mis amigos por no ser tan honesta aún corriendo el riesgo de herirlos. La verdad duele, y sin embargo, alivia mejor que el Vick VapoRub. <<Tienes agallas, niña. ¿Tú crees que puedas entregármelo>>. No sólo se lo voy a poner en bandeja de plata, sino que hasta con una manzana en la boca se lo va a poder devorar>>. ¡Líbranos Dios de todos los pecados!

I’m sorry.

Corre el tiempo. Así tan deprisa como cuando te das cuenta de que ya te acabaste todas las palomitas y la película apenas va en el minuto quince. Un año ha pasado. No todo ha sido malo. Valeria ya tiene novia y viven juntas en la Narvarte. Andrés se metió al gimnasio, Leo se va todas los domingos a la punta del Ajusco para escuchar la primera nota del día. Leo siendo Leo. Sí, ellos la pasan bien, pero yo no puedo desconcentrarme ni un minuto. Por supuesto, me consiento cada vez que puedo y trato de ya no pelear con mi papá por culpa del PRD, pero duermo con un ojo abierto. He vendido droga hasta en carritos de helado, es más fácil de lo que parece. Los clientes me dieron ese consejo para que la dinámica parezca natural. Siempre van en pareja. A su novia le dan un sandwich helado de chocolate, uno real. Ellos piden de vainilla. Como una roca les entrego la coca y brincan de gusto. El día que mezclen azúcar con LCD alguien se va a hacer millonario.

La deuda está casi pagada, pero aún falta el golpe maestro. <<¿Ya la viste bien? Sí, es esa gorda que está parada en el puesto de las lechugas>>. Es la mamá de Simi. La maldita bien que se la ha vivido de lujo en lujo. Va al salón de belleza, va de compras a Suburbia y llena el carro, se toma un café de cien pesos con las amigas. Eso antes no pasaba. Le llega dinero de vez en cuando, cualquier mono con dos dedos de frente lo sabría. ¿Para qué entonces va a la oficina de Telégrafos cada dos semanas? El plan es simple. Dejamos que camine un rato y en la esquina de Cerro del Agua la subimos al vocho. Valeria ya tiene lista la cuerda y la capucha. Andrés nos llevará a un lugar escondido de Santo Domingo que nos servirá como casa de seguridad. Leo está allá colocando cartones de huevo en las paredes para aislar el sonido.
<<Nadie se mueva hasta que yo dé la señal>>. ¡Vaya! Con razón a Andrés le gusta tanto ordenar con su tono todo mamón. Esto de ser líder ya me está gustando. La señora, por supuesto, no tiene prisa. Hasta parece que le pide permiso a una pierna para mover la otra. Hay mucha gente. Seríamos blanco fácil si lo hacemos ahora. Eso sin contar las cámaras de las casas. ¡Qué desesperación! Esto podría tardar siglos. Andrés saca de la guantera un chaleco de esos que usan los barrenderos y se baja del auto. Allá enfrente hay una coladera. La abre. ¿Qué demonios hace? <<Atención, estimados peatones. Desvíense a la derecha. Obra en curso>>. ¡Perfecto! Todos muy obedientitos toman el callejón, rumbo a la iglesia. Ahí es estrecho y hay poca gente. La señora obedece. La sigo muy despacito. Soy un jaguar que no se va ir de aquí sin la caza del día.
<<¡Ya valió verga, doña>>. Andrés la aborda por detrás y le pone la mana en la boca. La amordaza. La víctima se resiste, pero no se compara la fuerza de un robusto tipo de treinta y pico contra una sesentona. Vámonos al escondite. <<No seas idiota, Líder. No me pongas sus patotas en mi cara. ¿No ves que está pateando?>> Menos mal que Valeria no olvidó volver a usar nuestros nombres en clave. En los ensayos a la estúpida se le salió veinte veces el Silvia, hasta que me tuve que peinar como Candy Candy para que se acordara. ¡Cómo odio ese peinado! No tenemos mucho tiempo para hacerla confesar. Si nos pasamos de diez o quince minutos, o le podría dar un infarto o volverse una tumba. Otro cliché que el 99.9% de las veces resulta correcto. Aunque se estén muriendo del susto y a sus hijos no les importa un comino, las madrecitas jamás los delatan.
<<Llame a su hijo o la mato>>. Gritos de socorro nos revientan los oídos. Pero, afuera todo es normal. Leo ha hecho un excelente trabajo. Esta vieja es como mi abuela. Se dobla, pero no se rompe. Y no es para menos. Esas mujeres que tuvieron que soportar cualquier cosa de sus maridos, y encima con diez hijos encima y el mismo mole en pipián para cenar. Se merecen un monumento, no un calvario. ¡Lástima! Tendré que aguantarme las ganas de no llorar porque un estúpido hombre, que resulta ser su hijo, nos metió en un embrollo. <<Si no nos dices dónde está, vamos a empezar a jugar. ¿Quieres que te muestre mis juguetes?>> La verdad hay que reconocer que a Andrés sí le sirvió bastante ver la trilogía del Padrino como veinte veces. Hay algo en él que me asusta, pero casi nunca está de buen humor como para decírselo. <<No diré nada>>. Ja. Nos salió brava la res.

<<No estarás hablando en serio ¿Verdad, Vanilla Ice?>> Por supuesto que sí. Es Valeria y cuando está enojada es capaz de todo. ¿Qué va a hacer con ese machete? <<A ver hija de la chingada, nos vas a decir dónde está tu puto hijo narcotraficante o aquí mismo te pico el ombligo>> Cinco metros, luego dos. Sigue incólume. Un metro. Medio centímetro. La punta roza el vientre y un hilo de sangre corre por el piso. <<Ya, está bien, pinche chamaca enferma. Me doy>>.

<<¿Quién lo hará?>> El líder debe hacerlo, dar la cara y poner el ejemplo. En automático todos me voltean a ver. Pero se equivocan. Yo no escogí esto para lucirme frente a sus ojos o para parecer importante. Lo hice porque los amo, porque de nada sirve el brillo individual si al final todos salimos perdiendo. Yo daría la vida por ellos. Son mi más grande tesoro. ¿Que no ven que me estoy poniendo cursi? ¡Hagan algo! Esperen. Tienen razón. Yo debo hacerlo. Alguna vez Valeria me dijo que la mejor venganza es ser feliz. Sea, pues.

Vanilla Ice. Es hora del rap. Traenos ese disco de platino.

<<¡Mamá! Te dije que no me marcaras desde esta línea. ¿Que no te acuerdas que me andan buscando los putos azules>>. Sí. Esa es su voz. Yo nada más estuve cerca de él en la fiesta, pero según Valeria, a veces pasa que el diablo te habla como un ángel sólo para ponerte el cuerno con Dios. Ah, pues así sonaba esa maldito Simi.

<<Hola, cabroncito. ¿Me recuerdas bien, verdad? Sí. Soy yo y he vuelto, como Alf, pero no en fichas, sino en carne y hueso. Vas a callar tu sucia boca y me vas a escuchar. Tengo a tu mamá. Y la pobre se está muriendo. Vamos a hacer esto. O me pagas o me pagas. Bien sabes lo que hiciste y me vale madres por qué. Este es el trato. Vas a ir al panteón de San Pedro Mártir a la medianoche. Al fondo a la derecha te estará esperando un sepulturero. No creas que soy tan pendeja. Él cree que va a ser una exhumación por orden del Ministerio Público y está sordo, así que ni intentes explicarle nada>>.

<<Pinche Valeria, me cae que no me la creo, pinche puta lesbiana.>>

<<¡Cállete el hocico, pendejo! No he acabado. Veamos si eres Flash y al mismo tiempo Superman. En una de esas tumbas estará tu madrecita santa, y en la otra un varo por los viejos tiempos. Tómalo como un rescate de cortesía. Los dos pueden ser tuyos, pero a tu jefa se le va a acabar el aire en 30 minutos, y la lana se te puede podrir si te cae la ley, así que tú sabrás. Ya tienes las coordenadas.

<<Si le tocas un pelo a mi mamá, te juro que…>>

<<Guarda tu saliva, mugroso>> Que te va a hacer falta al rato. Ya sabes. Hoy a la medianoche. Cambio y fuera.

¡Bravo! ¡Magnífico! Pero, falta el toque final, si no, la obra estaría incompleta. Le falta el sazón a la Candy Candy:

Acuérdense de meter el dinero falso, que sobró de la bóveda del banco, en la tumba de la izquierda. La dirección de reclamo ya está lista. Viene escrita detrás de la envoltura de la paleta Payaso que me comí en la mañana. Simi no tendrá problemas en venir a buscarnos. Mañana, antes de la función, a las 6:55, Leo le marca a la policía para reportar un incendio, igualito como lo hicimos en el asalto. Ya le avisé al comerciante que puede pasar por su boleto en el teatro desde ayer. Con eso tenemos sala llena asegurada. Tenemos a todos los invitados, ya, con confirmación. ¡Que comience el show!

Kiss me, Candy Candy

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s