Noveleta sin pretensiones

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Epílogo. Un acto. Tres escenas.

Escena 1. Cuando Líder, Zorro 2, Vanilla Ice y Candy Candy asaltan un banco y uno de los rehenes intenta escapar. La policía rodea el lugar. Un balazo sale al aire de forma accidental, se rompe el garrafón del equipo de producción. Ya no podrán hacer agua de jamaica, en su lugar, un torrente rojo mancha de azúcar las butacas vacías, al estilo Christo, pero sin Jeanne Claude.

Líder. —Todos, manos a la cabeza e hincados viendo hacia la pared. Al próximo culero que se intente escapar le meto un supositorio de pólvora para la gripe.

Cliente 1.—No, señor secuestrador, asaltante o Cepillín de medio tiempo. No estoy seguro de la naturaleza de su trabajo, pero, ¡por favor! No nos mate.

Vanilla Ice. —¿Y tú a quién chingaos le robas los chistes? ¿A Brozo o a Bozo? No seas mamón y cállate el hocico.

Cajera 2. —Tiene razón, cállate Rolando, que así como berreas, coges.

Público invisible. —¡Uuuuuuuuy!

Zorro 2. —Listas las cargas de profundidad, Líder. En cuanto tú lo digas empiezan los electroshocks.

Líder. —Ya oyeron a mi amigo. Acá va a bailar Bertha. Vamos a jugar algo divertido. El que pierda se va a ganar un striptease gratis acá con mi amigo Dr. Simi, que está amarrado como puerco a esta silla eléctrica. Así es, señoras y señores. Les tocó el premio mayor.

Señora gorda. —¿Y si nos negamos?

Candy Candy. —Ah, pues muy fácil. Nos vamos por unos tacos al Borrego Viudo.

Entra el hombre de negocios con su multipase, que le da acceso a los camerinos, dulcería y estacionamiento del teatro sin formarse en la cola.

Don Corleone. —Pensé que estaba tratando con meros principiantes, pero ya veo que ustedes son unos profesionales. Hola Simi. ¿Me recuerdas? Ya hace mucho que dejamos de hacer negocios, si lo hacíamos tan bien. No sé por qué de un momento a otro decidiste joderme.

Simi. —¡Qué alegría verlo! Le juro que podemos arreglar este malentendido. Me fui porque había un problema con la mercancía y usted se merece lo mejor. De verdad que no quise engañarlo.

Don Corleone. —¡Hazte pendejo! Dime tú, ¿qué idiota dejaría escapar la oportunidad de quedarse con una droga ultramaravillosa, que te hace ver a Mick Jagger tener relaciones con una vaca, y en las calles de Nueva York cuesta 1000 dólares por gramo? ¡Eh!

Líder. —¡Que empiece el juego! Es simple. Se acuerdan del jardín de niños, ¿verdad? Empiecen a dar vueltas como estúpidos hasta que deje de sonar la canción. El que se quede sin silla, ¡bang!, se va a freír espárragos al otro mundo y al final, el sobreviviente ganará una dotación de viagra gratis, cortesía de mi amigo Simi.

Público invisible. —¡Queremos bailar!, ¡Traigan a Kool and the Gang!

Vanilla Ice. —¡Excelente idea! Ponte la de Celebration, DJ Zorro 2.

Zorro 2. —¡Ya rugiste!

Candy Candy. —¡Stop!

Líder. —¡Úchales! Perdió la gorda. Ni modo, doña. Ahora sí, como dijo el pinche Vargas. “Le tocó la Ley de Herodes”.

Señora gorda. —¡Por Jesús!

Simi. —¡No mames pinche Valeria! Te chingaste a la doña. Wey, ¿qué pedo?, le cercenaste medio cerebro.

Líder. —¡Next!

Vanilla Ice. Y mientras sigas negándolo todo, vamos a seguir con la carnicería. Así que tú decide.

Simi. —Si crees que montando toda esta mamadita me voy a doblar, estás bien pendeja. ¿Y a mi qué chingaos me importa toda esta pelusa? Ni la conozco.

Líder. —¿Ya miraste bien a los participantes? Ah no, porque traen las máscaras de paleta payaso que tú nos inspiraste a hacer. Mira la que está al fondo… Uuuuuuuy. Pobrecita mamita. Se va a morir sin que su hijo mueva un pelo por salvarla.

Simi. —¡Ese no era el trato! Te voy a matar, cabrón.

Candy Candy. —¿Quién te manda a pagar un rascarte con dinero falso?

Simi. —Ustedes mismos me lo prestaron.

Vanilla Ice. —Ah, pues pa que veas. No es bueno hacer negocios con delincuentes. Son re tranzas, ¿no es cierto?

Zorro 2. —¡Que gire la música!

Público invisible. —¡Quiero un hijo de Farruko.

Escena 2. La policía llega al lugar de los hechos. Una mujer anónima denuncio que hay unos vagos haciendo malabares en la esquina, mientras sus perros con rastas hacen yoga. Le ha sorprendido lo mucho que han recolectado, mismo que considera un robo. Ah. También ha escuchado un balazo en el terreno de al lado donde ha observado que unos actores ensayaban. Deben ser de la Facultad de Filosofía y Letras porque apesta a marihuana. La gente decente de la colonia no quiere ninis, desea conciertos gratis de Chayanne.

Comandante. —¡Salgan todos con las manos arriba! ¡Están rodeados!

Líder. —No iremos a ningún lado. ¿Qué no ve lo que estamos haciendo?

Comandante. —Se los advierto. Abriremos fuego si no obedecen a nuestras órdenes.

Vanilla Ice. —Sus órdenes me las paso por los ovarios.

Candy Candy. —Ay, ya. No seas tan prosaica.

Cajero 2. —Auxilio. Nos tienen aquí encerrados. No disparen, ¡por favor!

Líder. —Ya se dio cuenta de que si usted nos dispara, todos sus rehenes mueren. Así que depende de su sano juicio. Venga aquí y charlemos o sufra las consecuencias. Sólo usted. Sin arma. Si nos damos cuenta que alguien intenta entrar por la puerta trasera, nos tronamos al siguiente rehén.

Comandante. —Está bien. Ustedes ganan. Voy a entrar.

Francotiradores se colocan en cuatro fresnos con follaje espeso para camuflarse. No portan balas reales, son de goma.

Líder. —¡Vaya, vaya! Por fin nos volvemos a ver, mi estimado Super Robocop. Hace tanto tiempo.

Comandante. —No me digas, yo a esa jeta no la he visto jamás.

Zorro 2. —

Líder. —Disculpe a mi camarada. Es que le da por ponerse nervioso cuando toma leche y ve un policía. Literal, se caga del miedo.
Comandante. —Sin rodeos. ¿Qué esta chingadera?
Candy Candy. —Eso es lo mismo que nos estábamos preguntando en los ensayos. ¿Qué le parece esto? ¿Una obra de teatro o un performance?
Comandante. —Si respondo mal, ¿va a aparecer una jirafa carnívora y me va a comer?
Vanilla Ice. —No suena chafa, eh. Me gusta. Puerco al mole rojo.
Comandante. —Pus vale madre lo que sea. Lo único que sé es que ustedes entraron al Banco Central y se dizque fugaron, sólo para cometer la pendejada de dejar su pinche auto en una pinche colonia toda culera a plena luz del día con las placas que nosotros mismos les dimos. ¡Hazme el chingado favor!
Zorro 2. —¿Y de qué nos va a acusar? No hicimos nada. Adentro no había nadie muerto, no nos llevamos ningún dinero y ustedes se quedaron con nuestro vocho más el Tsuru que nos prestaron para huir.
Comandante. —Ay, niñito. ¿Por dónde empezar? Los cargos sobran. Asociación delictuosa, uso de artefactos explosivos y armas exclusivas del ejército, secuestro y por darme un dolor de huevos, eso, sin contar lo que en este momento acaban de hacer.
Líder. —Yo no veo nada raro, ¿y ustedes muchachos?
Público invisible. —Nelson Mandela.
Comandante. —Aja, ¿y ese cadáver de ahí?, o ¿me vas a decir que esa elefanta se cayó del cielo toda desangrada?
Líder. —Ah, ese es un regalo para usted. Un homenaje a nuestro ídolo de la infancia. El Rambo en carne y hueso. Usted mismo nos lo enseñó, ¿no se acuerda? Pancho Villa style. Primero mato, luego averiguo. “Mira siempre a los ojos, hijo. Si un hombre no mira a los ojos es que no está diciendo la verdad”.
El Comandante extiende su mano, de forma perpendicular a su garganta, y hace un movimiento de serrucho. Los francotiradores bajan de sus puestos y descansan armas. Se pone serio. Sus piernas se entumen al instante.
Comandante. —Con que son ustedes, eh. ¡Ya crecieron! Ahora son todos unos hombrones y mujeronas. Sin ofender, reinas.
Vanilla Ice. —Nos da mucha alegría volverlo a ver en una pieza, mi salvador.
Candy Candy. —Oh, mi Rambo.
Zorro 2. —Ese sí es un hombre y no jaladas.
Comandante. —¿Qué quieren? Se supone que estamos a mano. Yo salvé a su amigo y el maloso narcotraficante se fue al hoyo. Yo gané. No pueden cambiar eso.
Líder. —Sí. Nos rescató, pero lo que hizo con ese tipo habla muy bajo de usted. No era necesario matarlo. Ya lo tenía vencido, ¿como pa qué rematarlo?
Comandante. —Y, ¿tu nieve de limón? Se te olvida que tenía encañonado aquí a tu amigo el pedorro.
Líder. —Pero no tenía balas y su arma era chafa. Usted mismo me lo dijo, que se dio cuenta de su bluf antes de que intentara escapar. La orden de echárselo desde las palmeras no era cosa de rutina, era una operación armada para bajárselo.
Comandante. —Bueno, y a todo esto, ¿a ustedes qué chingaos les importa si quería o no tronármelo? Él era mío, no suyo. Se están metiendo en un juego de hombres que no comprenden, como si siguieran siendo niños.
Vanilla Ice. —Los hombres de verdad no matan porque sí, sino porque deben.
Comandante. —¿Tienes idea de lo que hizo ese cabrón? Se chingó a varios inocentes, incendió tienditas rivales, dejó morir de hambre a unos mocosos de Tamaulipas, descabezó como a veinte de Tijuana. Ese tipo era un monstruo. No iba a permitir que siguiera vivo.
Candy Candy. —Y a usted no le importó seguir su ejemplo, ¿cierto?
Comandante. —¿De qué carajo hablas?
Líder. —Pregúntese bien, mi comandante. ¿Cómo logró llegar hasta aquí sin saber ni jota de nosotros? No tenía ni puta idea de cómo nos llamábamos, mucho menos qué hacíamos en ese banco. Sólo se dejó llevar por lo único bueno que le quedaba. Su instinto. Obvio que se la dejamos ir muy fácil. Usted siguió nuestras pistas desde el inicio. El señor de los camotes, el perico, Apollo 11, el tipo corrupto del ministerio público, el carro abandonado, el simpático Dr. Simi, el panteón. Cayó redondo en nuestra trampa.
Comandante. —¿Qué putas es esto? ¿Una comedia de Televisa? ¿Un reality? ¿Una película toda churrera? ¿Cámara escondida?
Líder. —De nuevo le pregunto. ¿Usted sabe la diferencia entre un performance y un happening?
Espacio en blanco sin colorear, pa que después no digan que odiamos el arte abstracto posmo.

Escena 3. Los Kool(eros) sin el Gang salen del escenario y entran a este mundo de mierda. En la realidad todo duele; los adulterios, las estafas, los quesos de tuna, las derrotas de la Selección, la corrupción, el presidente, los antivacunas, los ansiolíticos, la cruda moral, los partidos políticos, los secuestrados. ¿Pero qué se le va a hacer? Al final, todo se resuelve con una negociación y salimos a la calle con cara de Fuck me.

Comandante. —¿Cuál es el trato?

Líder. —Primero quiero que reconozca delante de todo el mundo, y del público allá afuera que pagó un boleto, que el camino que tuvo que hacer para llegar hasta nosotros se sintió como una patada en los huevos.

Comandante. —Nunca.

Vanilla Ice. —Que sí, ¡chingá!

Comandante. —Está bien. Reconozco a los grandes maestros anacoretas que me hicieron ver que, probablemente en mi próxima vida reencarnaré en lombriz. ¿Felices, ya?

Candy Candy. —Hermosa declaración.

Líder. —Necesitamos su opinión para resolver este conflicto. Aquí, a mi estimado Don Corleone se le debe una feria. El que se la debe es ese mocoso que ve vestido de Dr. Simi. Por cierto ese mismo pendejo nos engañó a nosotros heredándonos la deuda. Es un narcotraficante confeso, usted mismo lo escuchó cuando interceptó la conversación que tuvo mi amiga Silva con ese truhán.

Comandante. —¿Cómo saben que los estábamos escuchando?

Vanilla Ice. —No mame, jefe. No nos crea tan pendejos. Le repito que cuando usted creía que nos estaba persiguiendo, nosotros le estábamos pisando la cola a usted y a todo su batallón.

Comandante. —Está bien. Creo en su operación maestra. Entonces, ¿qué más?

Líder. —Pues nosotros queremos que usted imponga el castigo que se merece este delincuente, acorde a sus acciones. No queremos que se sobrepase, pero tampoco que le vaya a poner una pena de tres pesos.

Comandante. —Eso no lo decido yo, lo dice un juez.

Candy Candy. —Pero usted tiene mucha influencia y es el todo poderoso ahí en el Ministerio Público. Además se olvida que mi papá puede mover sus palancas para que ese malnacido esté un buen tiempo en la cárcel.

Comandante. —Bueno, eso se puede arreglar. Yo puedo darle el dinero al señor con lo de la mercancía incautada y encima quitarnos a ese andrajoso de la espalda. Pero, ¿a cambio de qué?

Líder. —Muy sencillo. A cambio de su vida en el escenario.

Comandante. —Ahora sí que se la fumaron y de la Golden , eh muchachos. ¡No mamen! ¿Ustedes creen que me voy a suicidar nomás por encerrar a un vende pepas? Ni aunque fuera Don Neto lo haría. Esa justicia poética no funciona. Además, caerían igual de bajo que yo. Ustedes me acusan de haber matado, pero al hacerlo yo a causa de ustedes, serían los mismos lacras que se supone desean extinguir de la tierra.

Vanilla Ice. —Se le olvida algo, mi estimado. Somos setecientas mil veces mejores que usted. En todos sentidos. No nos crea tan corrientes, pinche putañero.

Comandante. —Esta sí me salió más jariosa que una leona en celo. Vente pa la comandancia, allá nos puedes ayudar a cazar en la jungla. Con lo entrona que eres, me cae que hasta con enseñar la peluda te andas echando a dos o tres malandros.

Zorro 2. —No tan rápido, Watson.

Líder. —Nunca dejamos un cabo al azar, comandante. En agradecimiento a lo que hizo por nosotros, lo vamos a convertir en un héroe. Su nombre vivirá por siempre como Aquiles o El Hombre Araña. A cambio de su vida, salvará a la doñita, madre del inculpado. Si usted se entrega no la mataremos.

Comandante. —No se atreverían.

Vanilla Ice. —¿Cómo fregados, no? ¿Ya vio que nos echamos a la gorda esa?

Comandante. —A ver, tráiganla.

Entra un costal con ayuda de un carrito de minibar. La occisa pesa más de cien kilos. Huele a podrido. Tiene la cabeza desecha. Los sesos están revueltos con el cabello. El comandante está viendo bien. No es una mujer de paja, es una víctima hecha y derecha. Por primera vez se estremece.

Líder. —¿Ve que ahora sí lo hicimos de verdad? Le dije. Aprendemos rápido y bien. No hacemos las cosas a la ahí se va. Lo del banco nomás era un entrenamiento medio chafa que no salió del todo bien.

Comandante. —¿Qué cosa no les funcionó?

Zorro 2. —Uno de mis pedos activó la bomba hecha con Apollo 11.

Comandante. —¡Válgame!

Líder. —Entonces. ¿Tenemos un trato?

Comandante. —¡Déjense venir! ¡No tengo miedo!

Líder. —¡Excelente! ¡Todos al escenario! ¡Tercera llamada! Repito ¡Tercera llamada! Ah, se me olvidaba. Tenga la pistola. Antes de darse el balazo lea esto. Está medio mamón, pero pega bastante. A las chicas les derrite. Zorro 2, desata a la mamá. Don Corleone, pase a su asiento para ver el final de la obra.

Acción.

Cajera 2. —Muchas gracias por rescatarnos. Que Dios le dé el cielo.

Cliente 1. —Nunca nos olvidaremos de usted. Por fin acabó esta pesadilla.

Comandante. —¿Oigan? ¿De verdad están actuando o…?

Zorro 2. —Señores rehenes. Su participación ya no es requerida. Pasen al lobby por sus camisetas del recuerdo.

Líder. —No es nada personal, mi comandante. Entendemos perfecto sus motivos para ya no seguir viviendo. Siempre lo recordaremos.

Vanilla Ice. —¡A mí las armas!

Candy Candy. —A la orden, mi emperatriz.

Comandante. —”Si nos pinchan, ¿acaso no sangramos? Si nos hacen cosquillas, ¿acaso no reímos? Si nos envenenan, ¿acaso no morimos? Y si nos agravian, ¿no debemos vengarnos? Si nos parecemos en todo lo demás, nos pareceremos también en eso”.

Vanilla Ice. —Preparen…

Candy Candy. —Apunten…

Zorro 2. —Fuego…

Comandante. —¡Ya lo tengo! En el performance hay un guión y en el happening es improvisación.

Líder. —Dijeron, fuego…

Comandante. —¡Invicto me voy!

Público invisible. —¡Qué obra maestra! ¡Morí de amor! ¡Qué policía más guapo! ¡Esto sí es arte y no mamadas! ¡Ni se notó que la pistola era falsa! ¡”Murió” más chingón que la gorda!

FIN.

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