Los viernes hago un poco de meditación y yoga. Mi parte favoritas del día es hacer una coreografía de artes marciales para limpiar el ser. Y no es porque me quiera ver mamón, pero a veces se nos olvida caminar hacia dentro de nuestro cuerpo para dejar ir todo el residuo tóxico de la semana. Si lo hizo Van Damme, ¿Por qué chingaos yo no?

Para tener un balance idóneo no hace falta ser un genio para poner enfasis en las piernas. Ellas son el centro donde se gestan las historias de tu vida. Al principio, cuando eres bebé y todo te maravilla, el gateo es la forma de cavar tus propios túneles hacia la luz. De adolescente, son las que te hacen huir de la oficina del director y de grande las que te hacen bailar como luismi en viernes de noche Godín.

No cometas el error de no trabajarlas. No querrás parecer un ropero con patas de pollo. En boxeo son necesarias para hacer el picoteo sobre el ring y cambiar ángulos de golpeo, en artes marciales son el frente de ataque para mantener la distancia con la patada circular. Para cuando bailes las de Celso Piña son las que te hacen girar pa quebrarle la cintura al compa presumido que nomás le hace al metal.

Decía Cercas que un puñado de soldados había salvado a la humanidad por caminar siempre hacia adelante y vaya que el tal Miralles se chingó la rodilla cuando cruzó todo Túnez hasta El Alamein. Lo que se me ocurre pensar es: ¿el mundo está hecho para recorrerlo en hora pico o bailando cha cha por Zoom?

I’m back.

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