En busca de infiernos donde el sueño se vuelve humo, emerge un conejo que cuenta las veces que olvidé la tarjeta en el cajero.

Tengo un cuaderno sin hojas, ahí guardo las sobras de la cena y el vino de consagrar. Plegarias a un dios que casi muere por un pasón de Xanax. La droga debe ser un privilegio constitucional.

Al amanecer, suelo confundir el yogur con el jocoque. Me arrepiento de no haber podido volverme orangután en tiempos que los autos viejos pierden su dentadura. ¿Existirá alguien tan cruel como para leer tarot sin arcanos menores?

Por lo general hay tres tipos de cabrones: aquellos que no tienen alternativa, los despiadados y los que se quedaron a una cifra de ganarse el Melate. Pongamos las cartas sobre la mesa. Nadie piensa que la meditación sea para enfermos de fiebre, pero algún día alguien transmitirá su propio infarto por Tik Tok y se volverá tendencia.

Ascendí a la montaña cuando todos dormían. Fue muy bello meterme a bañar desnudo a la laguna. El diablo se me apareció y quiso comprar mi pudor con un helado de Frody, pero le dije que aún creo posible ganarme la vida como modelo de kimonos. Se hace tarde en la Villa Olímpica. Tiempo justo para besar a Hera.

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