Insomnio (en fast motion)

La gloria de los encantados consiste en desayunar un batido de aurora boreal a media noche. Se pintan la cara color queso y salen a la calle a esconder los sueños que se han robado del Banco de Escritores Deprimidos por Asuntos Varios (la calvicie, escasez de mota, Tomy y Daly no firman el divorcio, la subida del kilo de tortillas, etcétera).

Anoché me topé con uno de ellos. Estaba bebiendo tranquilo en un bar irlandés, cuando vi entrar por la puerta a una versión despeinada de Bono con cara de oxímoron. Se sentó a la barra y pidió una cerveza Corona. Supuse que tomar Guinness iba en contra de sus principios religiosos. Se iba a casar doce horas después en la iglesia del Centro. Tenía dudas. GRANDES DUDAS. — Si me divorcio, ¿me regresan los tickets de estacionamiento para deducir la depresión? — dijo estupefacto.

Mi primo también es sonámbulo. Toca el saxofón en un cuarteto de cigarras. El club de jazz no tiene dinero para pagarles, pero al menos les dejan las orillas de pizza que la gente no se comió en el intermedio. Ellos no se sienten para nada agraviados. Lo reciben con gusto. A ellos les importa más la camaradería. Ni siquiera les interesa firmar un contrato con alguna disquera. Sucede que los responsables de manejar su carrera son grillos que no creen en la apropiación de la plusvalía de medios de producción. De noche todos los gatos son pardos. No toman en cuenta que un funeral sin música es peor que una vida con remordimientos. Nadie debería pagar por ella.

Los juguetes no se quedan atrás. No se la pasan de ñoños como los de Toy Story. En la vida real son unos verdaderos hijos de la chingada. Apuestan, fuman, beben, lavan dinero, traicionan. No es que eso sea malo. ¿A quién no le caen bien unos dolaritos recién salidos de la secadora? Hasta con Suavitel se sienten como si los hubiera bendecido Carlos Slim a plazo fijo. El problema es que no tienen llenadera. Su ambición no tiene límites. La policía está cansada de trabajar horas extra por cubrir sus fechorías. Lo mejor que puede pasar es que se declare la ley seca. Ni una sola sonrisa de un niño hasta que se gradúe de la universidad. A ver si así entienden a respetar el gallinero mientras el presidente juega al golf en la Luna.

Hoy me quedé dormido en la alfombra del baño. Tomé demasiados barbitúricos. Encontré la cura para mi insomnio, pero no creo que haya un jarabe para mi cinismo. Ese lo venden en horas de sol, cuando acaba el maratón de Bridget Jones por canal 5.

Invasión (no incluye AK-47)

Me fui a la cama sin cena. Adentro del refrigerador se quedaron unos frijoles agrios dentro de un envase de leche Alpura y unos Sugus sabor a menta. El resto se lo apañó el perro la noche en que dejé abierto.

Nunca me fue bien en la guerra. En la escuela, hasta el gordo friki lleno de espinillas se robaba mi almuerzo. Después, traté de pactar una tregua con la computadora; sin darme cuenta abrí un archivo que borró todo mi disco duro. Resulta que ese desgraciado se vengó porque en el Kinder le eché ron a su cereal.

Gasté años en municiones que no eran del calibre de mis pensamientos. Jalaba y jalaba el gatillo, pero mis compañeros de trabajo nunca entendieron que el Tenis también es un deporte para comunistas. 15-15 o 40-40 son puntuaciones donde todos se sienten millonarios, pero al final los sueños se quedan en la red. Yo tenía un revés de puta madre, pero me jodí el codo y ahora soy un capitalista que no le alcanza ni para retirarse.

Tengo una teoría que podría levantar ámpula. Un señor de la guerra se acostumbra a la victoria hasta que deja de sentir odio por su enemigo. Maquiavelo se equivoca. Dejé de gritarle al señor del gas y le dije, amablemente, que le pagaba con flatulencias; ahora mi trasero ya hasta cotiza en la bolsa de valores en la vertiente hidrocarburos. En el futuro, cualquier demanda de divorcio o pensión entre marido y mujer enfrentados se resolverá con una lata de frijoles junto a una bandera del América. Del odio al amor hay un solo paso.

¡Seamos sensatos! Ya no queremos más balazos. Que los grandes conflictos bélicos sean parte de un pasado lejano. Por eso propongo un acuerdo entre príncipes. El primero que asome la corona, se compromete a invadir mi corazón con soldados de chocolate.

Vete lejos, pero no te pongas mocasines

Una casa que transpira ácido por las paredes de vuelve una caja de chocolates cuando expira la ambición por la herencia de la abuela y el hambre obliga a los habitantes a comerse un sandwich de asbesto.

Un detective se pregunta por qué se han fugado sus pistas al caer la noche. Puede que un ave con insomnio haya entrado por la ventana, confundiendo una confesión de promesas rotas con una manta para arropar a sus polluelos.

Este es el tiempo donde las olas desbordan la taza de café para salir por una avenida donde los departamentos son de renta congelada y a los vecinos no les importa ver a un indigente inyectarse heroína en el parque de enfrente. Si fueran amables por lo menos podrían ofrecerle uno de esos abrigos de Zara cosidos por niños de Pakistán. Fingen no mirar.

Son pocos los que hasta ahora han conocido Bangladesh. A mí me contaron que allá, uno sube una montaña muy alta y al bajar se le olvidan las cosas. Es un fenómeno particular. El aire se escapa por la nariz, el culo, las plantas de los pies. Sucede que la soledad es tan escurridiza que para la Interpol resulta harto complicado publicar una ficha roja. Se nos van todas nuestras señas, nuestros recuerdos. Es como si no hubiésemos existido. Somos prófugos de un delito que jamás cometimos. La diarrea aleja a las personas.

Trazo sobre la arena un círculo de donde nacen ciertos de tortugas. En lla boca llevan una hostia consagrada que bendice su viaje hasta Central Park. No les importa llegar tarde. Los tiburones se fueron de farra ayer y su resaca los tiene maldiciendo frente al sofá. Solo queda una salida. No entrar a clase de Química.

Bájate un drama del Spotify y ponte a patinar…

Una vaca hace un salto de garrocha hasta la luna y en lugar de una medalla recibe unas botitas de estambre para caminar en la pradera. Afuera ya se acabó la guerra. La tensión se disipa. Es un buen momento para hacer ejercicio también.

Deberían inventar unos chilaquiles Come and Get Your Love”, de esa forma sabríamos si nos están tomando el pelo con el seguro de vivienda o el burócrata se fue a comer con su amante al Sangrons de la esquina. En términos geométricos, por cada divorcio hay una casa solterona que no se quiere quedar con los fantasmas de un matrimonio.

Veamos, pues. Los fragmentos de prosa son estaciones que nadan hacia una orilla y nos dicen que en julio no lloverán hippos con Cosmopolitans en la pezuña. Me importa saber que un espíritu oculto es a prueba de nevadas para congraciarme con el que vende brownies con marihuana prestada. En realidad, a menudo nos fumamos chascos con sabor a cebollín que nos dejan vencidos con su olor a derrota. A nadie se le ocurriría cocinar sin delantal frente a una película de Oliver Stone con cortes del director haciendo yoga.

Un enigmático cambio de planes nos lleva hacia el corazón de una ciudad en ruinas. Nadie sabe por qué acabó abandonada. Las principales teorías son: el rey tapó el drenaje por comerse unos tacos de carnitas echados a perder, se secaron las jacarandas, un árbitro no marcó un penal del equipo favorito de todos o el oficio de libre albedrío no llevaba la firma del director de Finanzas. Me inclino a pensar en la última opción porque cuando la vida se vuelve gratuita, nadie sabe exactamente por qué las deudas de Hacienda no prescriben ni con la muerte.

Esto no es un corrido o una ranchera, así que ya de una vez corto por lo sano. Solo les pido un último favor. No intenten pelear con la oficina del Departamento de Aguas. Son muy poderosos desde que descubrieron que todos tenemos una piscina en nuestro cerebro. Se llama Hidropesía por leer tantos poemas malos como éste.

Cheers!

Fuera de forma

Los músculos se contraen, parecen flores achicharradas por una garra de oso. A la cuerda de saltar le salieron hormigas. El gimnasio se quedó solo.

Una cena para dos no incluye propina compartida. Correr un maratón equivale a devorarte un pez globo sin caer envenenado. Luego, ella suelta un “no te quiero”.

Los ejercicios de la página 64 quedaron inconclusos. La asíntota jamás encontró un límite y por ello la pelota de jonron jamás volvió de la luna. Las astillas del bate se enterraron en su corazón después de fallar 3 veces en la caja de cheques y balances.

No más. Esto no es 2003, cuando el Milán dominaba la Champions y en quinto prohibieron fumar en la escuela. No hay sustitutos que cubran jornada laboral si en tu escritorio no te incluyen la tabla de Fibonacci y un disco de Café Tacuba. Una economía a prueba de deshielo te cobra los funerales a meses sin intereses.

I’m back. Eso es lo más importante. Lo demás son anécdotas, estúpidas pero también imprescindibles. Dejar de escribir es como irse de pinta o casarse. Te prometen un viaje todo pagado, pero al otro día no te dan whisky con un desayuno continental.

La Campaña Publicitaria (clase de Historia)

El día de hoy los alumnos han traído al siglo XXI los inventos que revolucionaron al mundo en la Belle Epoque. ¿Cómo vender un telégrafo con un toque de picardía y oportunismo?

Hasta ahora, la unidad I del programa pone énfasis en resaltar los cambios tecnológicos que experimentaron las sociedades europeas por el crecimiento exponencial de la electricidad y el petróleo. De la mano de la industrialización, la vida urbana se fue configurando a un ritmo frenético.

El objetivo de esta actividad es poner el foco en el marketing como un medio de difusión masiva con el objetivo de captar un público cautivo. La historicidad señala que los simbolismos decimonónicos de progreso, avance científico y tecnología estaban enmarcados en una era de prosperidad como fin último, tal como lo pensaba el Positivismo.

La cultura del consumo y el entretenimiento pone en la mesa de discusión dos aspectos a contrastar: neurosis vs comodidad. ¿Realmente la vida urbana nos trae los beneficios materiales que el capitalismo pregona? ¿Estamos acaso entrando a una nueva era de la incomunicación tal como Eco sugiere? La respuesta se puede ver a través de la creatividad de los chicos, una impronta energética que desconfigura cualquier frontera y nos presenta su visión de la “victoria material”.

Parranda solar… (ficción)

Al cuarto para los doce se levantó el sol con resaca. Angustiado, y para no quedar en ridículo, se fue al pico de una montaña con el fin de cumplir su rutina de aerobics.

Ese día anduve candil de la cuadra, obscuridad en el banco. Ni un solo peso me quedaba en la cuenta. Tuve que hipotecar 16 anocheceres y cenar puro licuado de plátano para pagarle al porvenir con intereses. Hasta vendí mis fichas de Alf a Milhouse.

Por la tarde, ya que no había luz hubo muchos robos a tiendas de autoservicio. Me resistí a la tentación, mientras al calor de las velas trataba de resolver un polinomio cuadrado que nunca pude desarrollar del Baldor. <<A la mierda, esto no es para mí>>. Fui a la oficina de gobierno a tramitar mi Licencia de Insomnio. Me exigieron como requisitos; desfajar la colcha de la cama y acuchillar a las almohadas dormidas.

Hacia las 9 de la noche al astro mirrey se le ocurrió asistir a una junta de Alcohólicos Anónimos. Nadie quería confesar sus pecados. Plutón, que siempre llegaba tarde a las fiestas y por eso no bebía, sugirió una dinámica de grupo. <<Cuando les entren ganas de abrir una botella, den una vuelta sobre su propio eje y así sentirán que se bebieron todo el vino de consagrar>>. El gordo amarillo hizo una prueba. No funcionó. Como siempre usaba lentes obscuros, igual que Luismi, hizo el amor con la luna y su idilio se extendió por 20 días a puro eclipse.

Durante aquella Edad Media “reloaded” aprendí a cantar ópera con los búhos del bosque. También me volví adicto a los huevos benedictinos y tomé el empleo de barman en la pulquería de la esquina de mi casa. La gente me contaba sus historias sobre fantasmas que se hartaban de tanto murmullo de los vivos y se terminaban mudando a Alaska, de zorros que se hacían amigos de las ovejas, del incremento al 3000% en la matrícula para ingresar a estudios con especialidad suicida en corredor de bolsa, chofer de Batman e imitador de Hemingway, en fin. De lo único que estaba seguro era de que no quería volver a la claridad. La noche se había convertido en mi amante.

Todo por servir se acaba. Una vez que regresaba al hogar en el autobus 77, me topé con el sol. Ahí estaba, muy tranquilito y quitado de la pena, con la cabeza oculta en su gabardina. No quería ser reconocido. Le dije lo más troll posible en Twitter:

—Oye, yo te conozco. Estoy acá al lado. Venimos en el mismo transporte, mi compa.

Al bastardo se le ocurrió enrojecer de la pena. El conductor se estrelló contra un cometa distraído que venía cantando unas rancheras de Vicente Fernández. Obvio. Nos enterraron a plena luz del día y sin permitirnos bloqueador en los ataúdes de bronceado ¡Qué desperdicio! Si toma no maneje, no cante… y no deslumbre.