Fiebre (poesía)

En busca de infiernos donde el sueño se vuelve humo, emerge un conejo que cuenta las veces que olvidé la tarjeta en el cajero.

Tengo un cuaderno sin hojas, ahí guardo las sobras de la cena y el vino de consagrar. Plegarias a un dios que casi muere por un pasón de Xanax. La droga debe ser un privilegio constitucional.

Al amanecer, suelo confundir el yogur con el jocoque. Me arrepiento de no haber podido volverme orangután en tiempos que los autos viejos pierden su dentadura. ¿Existirá alguien tan cruel como para leer tarot sin arcanos menores?

Por lo general hay tres tipos de cabrones: aquellos que no tienen alternativa, los despiadados y los que se quedaron a una cifra de ganarse el Melate. Pongamos las cartas sobre la mesa. Nadie piensa que la meditación sea para enfermos de fiebre, pero algún día alguien transmitirá su propio infarto por Tik Tok y se volverá tendencia.

Ascendí a la montaña cuando todos dormían. Fue muy bello meterme a bañar desnudo a la laguna. El diablo se me apareció y quiso comprar mi pudor con un helado de Frody, pero le dije que aún creo posible ganarme la vida como modelo de kimonos. Se hace tarde en la Villa Olímpica. Tiempo justo para besar a Hera.

Las heridas del guerrero (poesía)

Atisbo en cuclillas tu rostro pegado a la regadera, caen los chorros de arroz. Forman cráteres en tu espalda y en vez de sangre brotan sendas culebras que mordisquean mi pubis.

Savasana al amanecer, en cinco minutos rompo tu guardia con una patada de dragón. Estamos exhaustos. El combate exige que los cerezos se hayan desprendido de sus hojas. Un enemigo no espera a que se deshielen las colinas, escala paredes con pezuñas de perros.

Sobre la arena tejes un hogar. El agua no consigue hacerte daño. En las ciudades antiguas los guerreros solían entrenar con estrellas del cielo para rasgar el vientre; cruzado-gancho-silencio, recto-upper-recto, jab-rana-sumisión. No se puede elegir el momento de la muerte, pero sí podemos atrapar una trucha sin usar las manos.

Las victorias no se miden por la cantidad de golpes lanzados, sino con cada canto de grillo que yace en penumbra. Los días y los años caben en un reloj cucú. Primero, se aprende a respirar con los pies. Segundo, se ve con los ojos cerrados. Tercero, se come una naranja sin saborear. No hay espacio para el placer efímero cuando el rugido del coliseo exige la muerte de Narciso.

Te busco desesperado en la cama. Manchada está con el vino recién cosechado y el semén que eyaculó tu chi. Suave tormento que me supo a empate. Tú ibas arriba en las tarjetas, pero en un descuido se descosieron los hilos del corazón y una parvada de murciélagos fracturó tus costillas. Ahora me baño solo. Con llanto de aire. La toalla queda toda tiesa y todavía me pregunto si es verdad que nací antes de que Dios repartiera el miedo.
FIN

Naranja (métrica de hospital psiquiátrico)

Tiré los huesos de la mandarina en el mar, y al regreso a casa mi cama tenía espinas de pez globo capaces de lacerar el trasero del personal trainer.

En una casa llena de abetos, el columpio de madera sucumbió al olvido. Ya no hay nadie que se pare en el madero y dé la vuelta al fin del mundo para alcanzar el queso a medio derretir de las estrellas.

Nunca había tirado una novela al retrete. Nunca lo hagan porque no se va y el piso se inunda de mierda sin acentos. Lo que pasó fue que mataron al protagonista y yo quería preguntarle si hacía el amor a media luz, o de plano se quedaba dormido con el primer beso.

Siempre recordaré las palabras de mi padre cuando ya no hubo más dinero en la alcancía. “Las monedas de cinco nunca se tiran, esas sirven para abrir las cervezas o hacer sonreír al organillero”. Y así fui por la vida, ahorrándome lo que me cobraba el microbús de Metro Revolución al edificio del PRI, para reírme hasta el cansancio de la devaluación que me quitó mi casa y mis discos de Consuelito Velázquez.

Hoy, ya no me da tanta flojera levantarme desde temprano. Me chuto el resumen de los goles , y de paso veo al cielo retocándose los ojos con delineador de la mañana. El teléfono me da las buenas nuevas. Uno Noticias: “Habrá tormentas eléctricas por la tarde, detienen al Gorilla fumándose unos cigarros de chocolate. Marte se poblará hasta el año 2400. Usted es una gran persona. Exprima su propio jugo de naranja, el de cartón tiene más azúcar que un sugar daddy horny, pero endeudado.
FIN.

El poema se robó mi bici

Ha-Ha

A quince kilómetros de llegar a Acapulco, mi osito se vomitó en el asiento trasero. No sé que le pusieron a su vodka tonic, si limón o nieve de los Himalayas.

Pajaro delator. Espera a que termine el noticiero. Mejor, cántate una de Mijares.

Pasé la primera semana dando talleres de origami. Mi cuarto tenía vista a un deshuesadero. Por la tarde, mi vida tenía canceladas las visitas de extraterrestres.

Botones recién divorciado. No toques a mi puerta. Mejor, sube a YouTube un tutorial sobre el equipaje de tu ex.

Al cabo de dos meses, decidí quedarme. El ceviche de la esquina picaba más que las mentiras del neoliberalismo. Podía ir al malecón a pie. Pero, ¿por qué la zozobra?

Bicicleta sin ruedas. De bajada, la vida es una suerte de ironía. Mejor, que me den un caballo sin frenos.