Piel de gallina (poética)

Lindo poema de miércoles. No toque el pollo si no está lavado, luego le van a querer cobrar la salmonela cuando termine de pagar la tenencia. Sale muy caro ser valiente.

Tenebroso andar por los confines que sangran las axilas del mar. Cientos de hombres han quedado descoyuntados. Se acabaron la miel para los hot cakes y ya no hay plumas con que rellenar las almohadas.

Un arco dispara un perro a 5 centímetros por siglo. Yo me tardo menos en vestirme con un traje de lentejuelas. El pantalón me corta la circulación, pero siempre ando con una sonrisa que el empleado del banco envidia. No me quisieron prestar 500,000 dólares para enviar pollitos de hule a la luna.

El vecino llamó a la policía. Dice que por las noches se oye mucho ruido en el octavo piso. Se le dijo hasta el cansancio que no se preocupara. Es el fantasma de don Eustaquio con deseos de cobrar la renta. Nadie le paga. Acá debemos hasta los dulces a Hacienda. Alguien nos dijo que podemos evadir impuestos con sueños húmedos. Los orgasmos se cotizan muy alto en el mercado negro.

Sobre el jardín se acuestan las hormigas después de devorarse las manzanas. Ya estoy harto de ellas. Pienso envenenarlas. Pero hay una cosa que no había pensado. Los cadáveres atraerán a cucarachas, y éstas llamarán a los pájaros, y éstos serán presa de las serpientes, hasta que el mundo decida usar el cascabel como arma de destrucción masiva. Eso altera a cualquier piel. Nunca tomen sol en domingos. Las marcas del Señor nos recuerdan a los presos que ya no pueden ordenar daiquiris mientras esperan a su abogado.

¿Somos espías o payasos? (ficción)

El agente B se interna en un país de Sudamérica con credencial de experto gastronómico del ministerio de cultura de su país. Pero en realidad busca al hermano gemelo de Eichmann que no le devolvió su lapicera.

Es experto en manejo de bombas, situaciones de alto riesgo y huevos benedictinos, en especial con la salsa holandesa, que nunca le queda aguada. Va a buscar a J, que es su contacto para conseguir armas e información. Dicen que el objetivo se esconde en la playa, y que se emborracha hasta el amanecer. Solo.

B no quiere llamar la atención de inmediato. Quiere llevar un perfil acorde a su tarjeta de migración. J lo lleva a una cata de vinos afuera de la ciudad. Se enamora de inmediato del paisaje; ciertamente no le disgustaría mudarse allí. En la barra, conversan sobre misiones del pasado. A B le sorprende como J nunca pudo matar a nadie. En este negocio tarde o temprano toca liquidar a un bastardo.

—¿Por qué? —pregunta B.

—Será porque siempre me gustó trabajar ebrio y eso no es muy bueno para la puntería. Pero cuando tengo que huir de verdad, ahí siempre me voy sobrio, —responde J.

Se dan las señas del objetivo y se despiden.

Al otro día sale B temprano por la mañana rumbo a su objetivo. Le resuenan en el oído las palabras de J. Le tiemblan las manos. Para quitarse el estrés se prepara una ensalada verde con pato en el hostal donde se aloja. A nadie le parece sospechoso.

Llega al escondite. Por fin. B se acerca con sigilo. Empuña su arma y corta cartucho con sumo cuidado. Está sudando a mares. Mataría por una cerveza, pero no se puede beber y meterle una bala a un cabrón de forma simultánea.

Cama vacía. Cocina vacía. Sala vacía. Baño vacío. No hay nadie. B se sorprende, pero decide esperar a su víctima. En vano. Nota que los vidrios de las ventanas son verdes. Se acerca. Son botellas de vino recicladas. Toda la casa sigue las mismas características. Vuelve a la cocina. En la mesa hay una botella vacía y una nota. Beber con un desconocido, a la primera, no siempre es bueno.

Disculpa que no me pude quedar más tiempo, pero te pusiste tan sentimental hablando de tu divorcio que no tuve la sangre fría para matarte. Además, yo también estaba ebrio. Aproveché para escapar mientras preparabas tu rica ensalada de pato en el hostal. Por favor, no me guardes rencor. Ser agente a doble banda es una mierda. Atentamente: tu amigo/enemigo J.

Expreso al sur (ficción)

Dejarse ir. Hasta el quinto infierno. Nadie atraviesa la ciudad de punta a punta a menos que necesite un sanitario. La tetera puede esperar. Que silbe por dos horas más y despierte a los vecinos. Ningún pez ha muerto por beberse un océano helado.

En Zócalo se sube una marabunta. Un padre sostiene la barra de pan más fuerte que la mano de su hijo. Un violinista desnutrido termina por asesinar a sus cuerdas hambrientas por unas monedas. Ellos merecen cárcel perpetua.

En San Antonio Abad el frío arrecia. Las prostitutas comienzan a reclinarse sobre su poste. Se hacen señas entre ellas. Dejan pasar a un tipo que todos los días les pregunta la hora a pesar de tener reloj. Nunca confíes en alguien con un peso en el bolsillo y una lengua floja. No apta para besos en horarios de ayunas.

En Xola se posa el silencio. Un corte de luz ha parado al convoy de golpe. Alguien silba una tonada fúnebre. Otros ríen porque la suegra está enferma. Tres niños se ponen a apostar en el póquer. El ganador se lleva unos chocolates de menta. A la gente no le parece extraño quedar varada. Ya es un estado natural que se les ha adherido a la piel. Se sienten seguros. Por dentro no quieren llegar a su destino. Prefieren quedarse a llorar por el amor que no fue.

Taxqueña. Fin del camino. Ha llegado la hora de la verdad. El muchacho que vino con las manos sudadas, todo el camino, tendrá que confesarle a su madre que lo despidieron del trabajo. Otro irá a su casa a preparar los últimos detalles del asalto a la farmacia a medianoche. Un par de chicas, que no se han visto en años, se juntarán para comer un pastel. Ellos tienen planes. Él no. Se queda absorto, viendo hacia la nada. Se imagina que está en un camastro en alguna playa del Caribe. Allá no hay ratas o túneles terroríficos. Un baño de sol diario sería suficiente, junto con una piña colada.

Una voz perdida entre la multitud dice: <<ey, chofer. ¿Cuándo te vas a cansar de viajar?>> Él, muy ufano responde: <<Hasta que deje de haber borrachos como tú que ya no necesiten que los lleven seguros a casa>>.

La tetera no explotó. Sigue indemne sobre la mesa. El chofer se sienta en un sillón. Respira aliviado. <<Que ya se acabe, que ya se acabe>>. No ha bebido en 3,943 días. No lo hará hasta que llegue al caribe y su viaje sea sin retorno. La redención del alcohol perdonará sus pecados… <<eso espero>>.

Camarada Hitler

¿Qué es el comunismo? ¿Una enfermedad de transmisión sexual? ¿Un mito de los 60? ¿Máquinas de helado gratis para todos? En los medios actuales todos presumen conocer los defectos de los rojos; que sí Venezuela es una lágrima, que si Corea del Norte nos va a hacer cachitos, que si Irán nos quiere dejar sin Super Tazón, etc.

No los queremos dejar con las dudas. La realidad económica y política actual la define el gran capital. Todo Occidente se mueve bajo las influencias del Banco Mundial y el libre mercado. La democracia ha impuesto su modernidad a través de la retórica electoral. No existe un partido hegemónico, ni una fuerza que vele directamente por los derechos del proletariado.

Para el caso de México resulta paradigmático como una gran parte de la prensa ha tratado de vender a AMLO como un Stalin. Nada más absurdo. MORENA se mueve bajo la lógica del capitalismo, no reniega ni desea ceder el poder a los generadores de la riqueza. Realiza alianzas con grandes banqueros, recorta gastos sociales, respeta la propiedad privada, en fin, nada del otro mundo. No existe ninguna intención de expropiar los bienes de los ciudadanos ni borrar a las grandes cadenas de supermercados. No te van a quitar tu dinero.

La oposición que está en contra de López desea lo mismo. Un esquema neoliberal donde las oportunidades sólo sean para los que tengan medios de producción aún a pequeña escala. No hay ninguna diferencia entre el primero y los otros.

Entonces. ¿Por qué tanto miedo al comunismo? Porque hay que crear un chico expiatorio al cual echarle la culpa sobre la inseguridad, la corrupción y las derrotas de la Selección. Nos han querido vender el mito del monstruo come billetes para dejarnos pobres a todos. Eso no es comunismo, es idiotez.

Las sales del cuerpo

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Recorren cientos de kilómetros sin saber qué será de su destino. Son engañadas con las trampas más viles y separadas de sus familias. Las mafias de la trata se encargan de borrar sus pasado; les quitan sus pasaportes, imponen deudas, extorsionan a sus familias y las vuelven narcodependientes.

Mujeres en todo el mundo sufren la prostitución forzada. Las cifras aumentan cada año, mientras que medidas legales contra su expansión menguan. La realidad es que no han querido hacer nada porque representan un negocio que engorda a miles. Como hace más de 10,000 años, el proceso funciona porque se ejerce un yugo, una dominación que se convierte en propiedad. El patriarcado ha tenido patente de corso sobre el cuerpo de las mujeres porque le interesa detentar el poder y perpetuar los signos más malignos del capitalismo. El lucro sin saciedad.

¿Y qué hay de aquellas mujeres que ejercen el “oficio” voluntariamente? ¿Son ellas cómplices autoengañadas por el sistema? ¿Son heroínas por imponerse ante una sociedad moralista? Como siempre pasa, ni blanco ni negro. La Ilustración nos dice que la libertad individual garantiza a cada uno decidir sobre las cuestiones más esenciales de la vida, haciéndose responsable de sus acciones ante las consecuencias. Prohibir a alguien, de base, que no cometa cualquier prerrogativa es atentar contra su libre albedrío. Es imposible evitarlo. Claro está, que hay acciones buenas y malas; delitos que surgen a partir de las normas pactadas por la sociedad.

¿Y qué nos dice la Ley sobre recibir dinero a cambio de ofrecer relaciones sexuales? Naturalmente, si existe el precepto de trata no hay más ruta que el castigo y un proceso penal. Pero, cuando el intercambio entra al terreno de lo “consensuado” entran diversos factores culturales que no se pueden sancionar. En efecto, la sociedad juzga y desde su moral señala a cualquier mujer que ejerce su sexualidad como puta. Y al hombre se le felicita por ser un don Juan. Como tal, de forma implícita existe, según el marxismo, una autoexplotación del cuerpo como herramienta de trabajo que prolonga la plusvalía de la mercancía y refuerza valores intrínsecos de la necesidad. comercializada del placer. Una esclavitud disfrazada de libertad.

¿Abolir? ¿Regular? Lo primero es patidifuso, al menos en México, porque no es legal. Regular convierte al estado en un proxeneta sustituto que ofrecería a las sexoservidoras precarios sistemas de seguridad social, impuestos y ninguna garantía de protección. ¿Erradicar? A futuro, es el escenario ideal dado que siembra la semilla de no objetivar a la mujer y cambiar las reglas de comportamiento del patriarcado. ¿Prohibirlo? En términos legales y hasta morales es imposible detener a alguien y la erradicación no tendría que tener una meta punitiva, sino más bien paliativa.

El sexo seguirá siendo libre. No dejará de haber acostones, ni relaciones tormentosas, ni abusos en el ámbito de lo individual. Pero lo que sí puede mejorar es la colectivización de un escenario de equidad y la transformación del poder masculino que deconstruya su idea de dominación por el respeto.

Recreo (poética)

En 1990 decidí ser astronauta, pero nadie me dijo que la miel no flota en el vacío.

En algún parque suenan los Scorpions y un barco de petróleo tiñe de negro la resbaladilla. Mis nalgas quedan más suaves que el bebé de Pampers.

Nadie sabe con certeza cómo cortar un aguacate, y sin embargo, cada hueso roto de un soldado deja los campos sin vendimia. La paz os dejo, mi paz os doy, no olvide darle la mano a su enemigo mientras le roba un Rolex.

Cada loro con su tema. Woody es un egoísta que sólo quiere acaparar la pantalla y el Señor Cara de Papa engaña a su esposa. Si en 5 años no hay una revolución, las novelas de Le Clézio van a ser más porno que el libro vaquero. ¡Tan poquito amor para desperdiciarlo en celos!

No te duermas en el metro. Ahí te intentan vender a Caló como un grupo de rap respetable. Mejor súbete a mi espalda y ponte a rimar al estilo Cartel de Santa; ¿dónde están perros? Ah, seguro están ladrando sin chupe, sin argumentos.

Las golondrinas

Dicen adiós tantas veces que vuelven a reencontrarse con su sombra, cada vez que dan vuelta al globo, una vez, dos veces, tres veces. Respiran serenos, como queriendo acordarse de aquella vez que tocaron el mar y se quedaron dormidos sobre su lecho de cartón.

Su voz clama por justicia. Les han quitado la ropa y la inocencia. Reciben insultos en la cara y son encerrados en barrotes. ¿Quién podría saber qué cantan por las mañanas?

Y sin embargo, caminan. Bajo el sol del Sahara, a través de la selva del Soconusco, entre los escombros de Damasco, sobre las ruinas de Sarajevo. Todos son anónimos, pero el imaginario los ha bautizado con el estigma de la innombrable vergüenza. No debería ser así. Tienen una mano delante y la otra atrás, son a ellos a los que les han robado todo.

Su voz es la misma que se escucha al atardecer sobre las copas de los árboles. Las golondrinas han ido a afinar sus instrumentos, no tardarán mucho en repararlos. Pará estirar las cuerdas sólo requieren un poco de sol, esperanza en do y un compás de espera para obtener servicios de salud. No piden nada a cambio, quizá de vez en cuando madera para el rudo invierno y un techo capaz de resistir los truenos de julio.

Allá van. Con el corazón en la mano . No se dan por vencidos. Dejarán de encontrarse con su sombra hasta que los veamos, frente a frente, para decir: te quiero.

Dedicado a todos los migrantes del mundo.

Vivir sin gluten

Mentiría si no dijera que le mente la madre al cielo al menos un par de veces. El diagnóstico de la dermatóloga fue contundente. “Dermatitis Herpetiforme. Ni un gramo MÁS de gluten”. A partir de ese momento comencé a recordar todos esos grandes momentos en los que me acompañó la harina. No lo niego. Casi lloro… de risa.

Mi primera cita a los 16 fue en una pizzería. La masa estaba horrible, pero la salvaron unas rodajas de pepperoni más grandes que la luna. Cuando me titulé, me metí hasta por los poros 5 rebanadas de pastel de chocolate. Ni hablar de las pedas con harta cerveza donde acababa hablando hasta por los codos. Y cómo olvidar las tortas afueras del metro CU que te dejaban ciego con aquellos aguacates tamaño nuclear y los deliciosos cuernitos de chocolate de PANMEX. ¡Son re adictivos los bastardos!

Resulta que no ha sido el fin del mundo. En realidad, he sobrevivido a la guerra de los panes con más gloria que pena. Siempre he pensado que nuestro comportamiento digestivo es cultural. Comemos según nuestro estado de ánimo o cuando se nos da la chingada gana. Ni orden, ni progreso. A las 2 de la mañana somos capaces de ordenar una orden de pollo de KFC y a las 3 de la tarde maltratar a nuestro estómago con una sola manzana. Masticamos más con la vista que con la boca. ¿Qué es lo que se necesita entonces para llevar una vida sana sin morir en el intento? Ser un cínico como el pato Donald. No tengo pruebas, pero tampoco tengo dudas.

La saciedad está conectada en forma proporcional a nuestro valemadrismo. Si somos capaces de dominar la tentación ya estamos del otro lado. No se trata de aguantarse como niño meón las ganas de devorarse unos hot cakes, sino comprar cosas frescas en un mercado. Ir con la corriente en vez de tirarnos al drama. Satisfacer nuestros gustos más sibaritas.

Ya llevo unas 5 semanas sin harinas. No sólo me siento más ligero; he redescubierto sabores que pensé enterrados para siempre, ya no me dan ansias de antojos, acabo satisfecho y los depósitos en el Bañorte han estado de diez. Usted también inténtelo amigo lector, le aseguro que no se arrepentirá. No le dijo que ya no coma nunca jamás, sólo sustituya carbohidratos por proteínas y verá que su fuerza se verá duplicada al doble. No tenga miedo. No se va a morir de hambre. Le aseguro que en menos de lo que canta un gallo, hasta los chayotes van a saber a paraíso y se deprimirá menos.

Sin ruedas

Un pato sube a toda velocidad por una cuesta en las Bahamas. Va casi vomitando. Le sudan las patas traseras como pollo en rosticería. Para motivarse piensa que es Natalie Portman envuelto en un capa negra de cisne elevándose por los cielos. Nada de eso. El muy babas se ha caído de la bicicleta, dándose tremendo madrazo en las nalgas.

Su vida no es nada sencilla. La esposa piensa que acompaña a la vecina, cargándole en el mercado su rebozo de bolita. En el trabajo la pasa mal, porque en vez de hacerse el muerto cada que el balín de la feria roza su ala, saca su AK-47 y le da con todo a los clientes del puesto de Don Rogaciano. Tiene un pretexto muy válido, no es muy buen actor, por eso mejor hay que tirarle a las escopetas.

Sólo hay una cosa por hacer. No es agradable, tampoco ideal, pero es lo único que solucionaría sus problemas económicos y existenciales. Hacerla de patito de hule en las albercas de fiestas infantiles. Ahí no hay bronca. Los niños son agradables y lo podrían tratar con respeto. Nada de gritos y sombrerazos. Además significa una excelente labor social, porque ahí podrá defender a los niños bulleados de sus agresores y obtendrá un bonito bronceado lunar.

Nomás que hay un problema. Si le sigue quemando las patitas al diablo, en vez de cantar ¡na na na na na na na na na nana Cuacman!, va a decir: ¿Por qué este puto Batimóvil que me rentaron no tiene acelerador?