En la copa de un árbol se oye un chirrido, como de ave, como de felino. Se alimenta de raíces, sueños y palabras. De chiquito su papá le dijo que no podía ser mariscal de campo, pero un día lanzó un pase tan largo que los vecinos de una estación espacial lo demandaron por romper una ventana del baño. Ahora le gusta contar historias, de esas que huelen a nostalgia y se sirven con catsup.