De qué se escribe cuando se escribe (columna)

De todo y nada. Las cuitas de la vecina. Una hipoteca que se quedó sin pagar. El elefante que no sabía soñar. Todos los escritores entienden que el conflicto es pieza fundamental para sus obras. El punto es cómo hacerlas vivas.

No basta con una buena ambientación. Claro. Si todo parece como una película de los hermanos Marx sin risa, el lector acabará abandonándonos tarde que temprano. Se trata de hacer personajes creíbles.

Hasta acá no hemos descubierto el hilo negro. Nadie podría. Pero lo que muchos olvidan es que no hace falta buena imaginación para escribir una historia, sino empatía. Las grandes tramas de la historia no son de tipos perfectos que todo le sale bien, sino erráticos. Vulnerables.

Entre más torpe un escritor, mejor. Así se dará cuenta que a su alrededor la gente se va a la mierda. Debe dejar ese dejo narcisista de superioridad moral para ponerse a ras de pasto con los problemas de la vida real. Esos que no se resuelven con dinero, sexo o un deux ex machina. Cualquiera puede contar una historia, no es realmente difícil. El punto es transgredir las reglas establecidas. Que no importe un carajo la censura.

Las novelas no tienen el objetivo de transformar el paradigma de cultura o pautas narrativas de puta madre. Eso es lo que menos importa. Claro está que el escritor quiere agradar y ser leído, pero si va a lograrlo es porque su máxima meta es desnudar lo poco o mucho de aquello que lo avergüenza. De esta forma nacerá una prosa natural. No forzada.

Entonces, ¿qué significa escribir en estos tiempos? Gozar. Beber. Coger. Fracasar. Cómo si no hubiera mañana. Si no esas historias quedarán en el olvido. A nadie le importarán. Escribir es un vicio. Si la literatura fuera droga, hace rato que transportarían cocaína en las hojas de los libros. Esperen. ¿No han hecho ya eso?

Río Negro (poética)

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La lava se derrite y penetra a través del torrente. Nacen valles y cadenas montañosas sobre mi garganta. Por cada grito sofocado, un fantasma pierde el tren a Belén.

Es un misterio saber qué hay debajo del ombligo. Los magos han dicho que ahí se encuentra la mansión de Playboy. Cada vez que alguien se acerca y le sonríe a mi vientre, sale gozosa la champaña de cosecha reciente

Por las piernas se forma un laberinto que muere en el desierto. Un explorador confirmó que la atmósfera es más delgada que en Marte. Estrías y moretones forman cráteres donde el correcaminos pasea incólume. Enterrados quedaron los mapas que señalan el glande.

Ya pasaron varios años desde la última vez que las manos tocaron el agua. Han rozado perillas, manzanas, caballos, recibos de teléfono, computadoras, piedras. Desesperadas, tocan el corazón en busca de los mantos acuíferos que escapan por mi boca cuando en invierno dejo al suspiro sobre la ventana. Nada. Se niegan a pagar el importe de mi sequía.

Amanecen las nalgas cubiertas de flores. El sol las cubre con su sonrisa mantequillosa. Desde la Nasa reportan que un cosmonauta ha recolectado pruebas de un pez muerto. Los poros le han asegurado que en el Jurásico había un río negro. Que no se ha secado todavía. Reverbera a pesar de ser fósil, envuelto por el oleaje de las sábanas de seda.

Panic at the disco (ficción)

Fue evidente que no estaba pensando claro. Me arriesgué y pagué. Había caído un diluvio en la ciudad y varias calles estaban inundadas. Al dar vuelta en Calzada de Tlalpan vi un pequeño lago cubriendo el asfalto.

Se me hizo fácil. No lo negaré. Puse primera y apreté el acelerador como sólo Hamilton podría saberlo. Escuché un crac. El agua se metió al motor y me quedé en medio. Pérdida total.

Al otro día llegué tarde al trabajo por ya no tener auto. No hablaron de nada importante. Nada más decidieron vender la empresa y despedir a los empleados con más de 10 años de experiencia. Incluyéndome. Me dieron un florero de despedida porque yo sí me preocupaba por las plantas del jefe. Puaj.

Estuve un tiempo dando vueltas por aquí y por allá. Aburrido. Un día me metí a la página de la Fifa por simple rutina. Estaban reclutando personas para el mundial. No lo dudé. Llené la hoja de registro. A los 4 meses me llegó un correo electrónico diciendo: Felicidades. Bienvenido a Rusia 2018.

Sin saber ni jota de ruso y con un inglés de pacotilla me embarqué. No podían esperar mucho pero en mi currículo puse que mis amigos siempre quedaban encantados porque era un experto para agasajarlos y emborracharlos en un santiamén. Me pusieron en el programa de hospitalidad. Así que ahí estaba yo con mi sonrisa, tratando de demostrar que Infantino no se había equivocado por ponerle chile piquín y champú a su fruta del desayuno porque así lo acostumbramos en México.

Volví con una mano adelante y otra atrás. Pero en el taller me dijeron que el coche siempre sí tenía remedio. A mi ex jefe le dio viruela. Putin fracasó en su intento por sacarle el teléfono a la presidenta de Croacia. Yo como siempre. Afuera de la discoteca sosteniendo la cabeza de mi amigo como si el mundo se hubiera bebido todo el mar sabor a whisky. Manchado de vómito y feliz.

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Carretera 666

Se detuvo en Apizaco porque le dijeron que ahí podía encontrar la mejor barbacoa. Tenía 15 días que no cenaba. Con su barba tostada por el sol parecía un profeta desterrado.

Probó bocado. El sabor le recordó a Don Cecilio, que un día tuvo que sacrificar a todos sus borregos porque se les metió el diablo. Estaba más seca que una palma de Jerusalén. Resultó que era famosa porque al probarla se te concedía el don de la terquedad.

Así logró llegar hasta Tamaulipas. Una noche se quedó dormido en un rastro. Lo que no sabía es que ahí abandonaban cuerpos. Con gran sorpresa despertó cuando al otro día un brazo lo abrazaba. Pensó que lo rodeaba el cobijo sanador de un paisano contra el frío. Nelpas. Alguien le había puesto un brazo mutilado encima de él, como si se tratara de una mala broma. Quedarse dormido con cara de cansado le salvó la vida.

En Reynosa se topó con unos campesinos que venían de la cosecha. Muchos no tenían dientes y bebían aguardiente de una misma botella. Cantaban canciones de la Revolución y hasta de Maribel Guardia. Lo dejaron en un camino de terraceria que daba a unas cuevas hasta Brownsville. Meta lograda.

Lo encontraron al cabo de dos semanas en un basurero. Olía a perro muerto. Tenía en el pecho una hamburguesa de MacDonald’s recién hecha. Lo despertó el olor a carne jugosa. Tenía mucho que agradecer. La policía pensó que era Keanu Reeves de farra. Menos mal que había cambiado su rastrillo por un disfraz de pastorela.

Gravedad (poética)

No hipoteques tu soledad a meses sin intereses, te comerán vivos los cardos y se quedarán sin ojos los árboles.

Bajo el manto de la vergüenza se esconde una bellota. Sabe a ilusión que no ha sido descubierta. Espero a que te liberes para que entres a la contienda.

Este es un mundo de gigantes donde nadie quiere ser culpable. Juzgados desprovistos de agentes alucinantes. Es una baja jugada del destino. Nacer sin poder elegir el nido.

Si te sientes atrapado no dudes en llamarme. Tengo fax, telégrafo y hasta un cable pelado de alambre. Allá afuera quieren verte muerto. No les de ese gusto. Diles que tu oficina es a prueba de humo.

Nada es lo que parece. Ni siquiera tu voz en el templete. Aprieta bien las manos y captura a la cigarra. Ella te dará cobijo y templanza.

Fake news (ficción)

Mataron al presidente. No. En realidad sólo le dieron agruras, declaró alguien del Twitter.

Capturaron al diablo. No. Uno de sus guaruras quiso comprar un beso con un billete falso de 200 pesos.

Se descubrió la cura contra la amnesia. No. Los doctores recomiendan beber en lunes por si tu esposa revisa el celular y tienes que decir que, lo del fin de semana fue un sueño o actuaste en una película mala con Mr. Bean.

Crean píldora para escribir novelas al estilo Vargas Llosa. No. Al salir del antro, a un tipo se le ocurrió pasarse pasarse de ácidos y acabó dando clase magistral a un grupo de vagabundos sobre el cofre de un taxi.

Estados Unidos devuelve a México; California, Arizona, Nuevo México y parte de Texas como reparaciones retroactivas de guerra. No. Estados Unidos le exige a México repatriar a los 15 millones de connacionales que viven en California, Arizona, Nuevo México y parte de Texas.

Todo lo verde es vida. La marihuana es verde, ergo, la marihuana es vida. Sí. Aristóteles ya desayunaba brownies con hierba. No tengo pruebas, pero tampoco tengo dudas.

Cartas sin remitente (ficción)

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Le escribe a su madre todos los días, aunque por dentro ya sabe que el fax ha pasado de moda. Mira frente a su ventana las cosas que nunca pudo decirle de niño: “mamá, me jalas de los pelos”, “no quiero ir al concierto de Fey”, “la hija del cura me extorsiona”, y un largo etcétera.

En la adolescencia se quedó sin padre. Murió en un accidente de tránsito . En realidad, fue atropellado por una patineta. Jamás volvió a subirse a ningún medio de transporte. Caminó y caminó a todos lados. Hasta que los pies se le llenaron de llagas y conoció a Victoria, la doctora. Que le curó los pies y el corazón.

A los treinta nació su único hijo. Un rapaz que se metía en problemas por robarse los pasteles de cualquier ventana. Un día llegó a casa y encontró a su pequeño tirado en la sala. Empachado. Para “voltearle” el estómago lo único que se le ocurrió fue subir al tendedero y colgarlo de los pies. Logró quitarle el retortijón, pero a la vez hizo a un cirquero. Ahora el hijo se dedica a aventarse en el área. Pide penaltis hasta por la depresión en la bolsa de valores.

En la adultez se dedicó a viajar. Con su hijo ya vuelto un hombre y su esposa hecha una Derrota de tanta miseria hospitalaria, decidió cortar cobijas e irse por su lado. Vivió un año en un monasterio al sur de Francia, nomás para ver qué se sentía vivir con sotana y sin calzones. Libre como empresario limpio ante al SAT, perdón, como el viento.

Y así ha llegado la vejez. Se conforma con poco. El baño está cerca de la cama y la cocineta siempre huele a jazmín. El patio tiene árboles frutales, con hartos pájaros que cantan cada mañana. Le quedan sus fotos, sus recuerdos, el moño que le robó a la niña extorsionadora en venganza. Sólo falta una cosa. ¿Podrían decirle a ese hijo de su chingada madre, que soy yo, que ya aprenda a usar el correo electrónico? Llevo meses y meses con mi bandeja de entrada vacía.