Invasión (no incluye AK-47)

Me fui a la cama sin cena. Adentro del refrigerador se quedaron unos frijoles agrios dentro de un envase de leche Alpura y unos Sugus sabor a menta. El resto se lo apañó el perro la noche en que dejé abierto.

Nunca me fue bien en la guerra. En la escuela, hasta el gordo friki lleno de espinillas se robaba mi almuerzo. Después, traté de pactar una tregua con la computadora; sin darme cuenta abrí un archivo que borró todo mi disco duro. Resulta que ese desgraciado se vengó porque en el Kinder le eché ron a su cereal.

Gasté años en municiones que no eran del calibre de mis pensamientos. Jalaba y jalaba el gatillo, pero mis compañeros de trabajo nunca entendieron que el Tenis también es un deporte para comunistas. 15-15 o 40-40 son puntuaciones donde todos se sienten millonarios, pero al final los sueños se quedan en la red. Yo tenía un revés de puta madre, pero me jodí el codo y ahora soy un capitalista que no le alcanza ni para retirarse.

Tengo una teoría que podría levantar ámpula. Un señor de la guerra se acostumbra a la victoria hasta que deja de sentir odio por su enemigo. Maquiavelo se equivoca. Dejé de gritarle al señor del gas y le dije, amablemente, que le pagaba con flatulencias; ahora mi trasero ya hasta cotiza en la bolsa de valores en la vertiente hidrocarburos. En el futuro, cualquier demanda de divorcio o pensión entre marido y mujer enfrentados se resolverá con una lata de frijoles junto a una bandera del América. Del odio al amor hay un solo paso.

¡Seamos sensatos! Ya no queremos más balazos. Que los grandes conflictos bélicos sean parte de un pasado lejano. Por eso propongo un acuerdo entre príncipes. El primero que asome la corona, se compromete a invadir mi corazón con soldados de chocolate.

Cerdo capitalista

El día de hoy mis alumnos han hecho su primer producto manufacturado. En clase hemos aprendido el principio de libre mercado y el paso de producción artesanal a industrial según la metáfora del alfiler de Adam Smith.

Los resultados están a la vista. Ya han vendido sus primeras unidades al exterior. Además, se ha comprendido de forma cabal el significado de valor de uso y valor de cambio. También han asimilado la división del trabajo; puesto que un proceso es más eficiente si un miembro del taller se especializa en una sola función, en vez de abarcar todo el proceso.

Si la Revolución Industrial requiere de una comprensión que abarque temporalidad y espacio, es mucho mejor dejar que la retroalimentación dialéctica produzca el estudio del hecho, en vez de dictar teoría que no tiene una forma definida. Si la construcción de narraciones históricas aterriza su función en alimentar diferentes testigos y componentes, entonces podemos ser capaces de construir nuestras propias fuentes primarias desde el presente, tal como soñó Croce o Collingwood.

La enseñanza de la Historia Universal no debe ser aburrida. En vez de repetir fechas y datos aislados, la recreación de procesos encarnando el devenir a la vida real puede traer mayores resultados que una simple cátedra. Los contenidos temáticos se conectan con las habilidades cognitivas y se da prioridad a la resolución de problemas. ¿Y tú cómo enseñas tu materia?