Los Kool(eros) sin el Gang

Noveleta sin pretensiones

Little Esme playing the piano!

Capítulo 2

Llevábamos más de cinco horas ensayando la misma pinche canción sin que el profe nos dejara, siquiera, tomar un vaso de agua. Yo andaba nervioso porque no quería quedar mal con ningún compañero de la banda. Mis manos sudaban como cuando intenté besar a Valeria en el armario. Aunque, para ser francos, sentí menos feo cuando me hizo el fuchi, en privado, que cuando me cagué frente a todo el salón.

Escucha hermano la canción de la alegría
El canto alegre del que espera
Un nuevo día…

—Profe, creo que hasta aquí le paramos, ¿no cree? —dijo Andrés.

—¿Cómo ven a este culerito? ¿De cuando acá los patos le tiran a las escopetas? Ni madres, nos vamos hasta que el compás quede bien afinado y en tempo.

Andrés se me quedó viendo y me guiñó el ojo con una sonrisa de oreja a oreja. Nunca antes lo había hecho, supuse que para el niño más famoso y entrón de toda la escuela yo no existía. Pero me había equivocado. Yo ya me había cansado que todos se burlaran de mí.

Ven canta, sueña cantado
Vive soñando el nuevo sol
En que los hombres
Volverán a ser hermanos…

—Pues, yo que usted me la pensaba dos veces. ¿A poco cree que Beethoven tenía un tapón en el culo para no ir al Bañorte a hacer un depósito? —dijo Andrés.

Risas como siempre. A ese niño le fascinaba ser el centro de atención cuando le hablaba a los profes así, tan de cuates. Eso me fastidiaba.

—Aja, y ¿qué más? —contestó el profe.

—¿Puede ver a ese niño barroso? Sí, el quinto violín. Se llama Leonardo. En un minuto exactamente le va a dar una pinche diarrea de aquellas y va a apestar todo el salón. Aquí va a tener una peste del tamaño de Chernobyl, así que el tiempo corre…

—¡Al zorro apestoso le arde la cola! ¡Al zorro apestoso le urge un pañal! —gritaron los niños de la sección de metales.

El profe se quedó como pasmado, sin saber qué hacer. Todos, de hecho, estaban como pegados a la silla, pero con una cara de angustia más cañona que cuando sus papás les regañaban por las calificaciones. En eso, sentí en mi estómago una masa de huevos revueltos en licuadora a mil por hora. Llegué al baño de milagro.

Si en tu camino solo existe la tristeza
Y el canto amargo
De la soledad completa…

Por suerte no manché mis calzones. Sentí unas pisadas cerca. Me dio miedo que fueran los ojetes de mi salón me patearon en el culo cuando me hice del baño en la clase de la miss Aura. Ese día lloré mucho y me escondí en el armario de las nanas de intendencia, pero esa vez ni Valeria ni nadie se preocuparon por mí.
—Ey, no tengas miedo. Tocas re chido. Nos va a ir morrocotudo en el Festival. Los papás te van a adorar. Ya, sal. No me voy a burlar de ti. El ensayo ya se terminó. Ese culero del profe te presiona demasiado, cuando tú eres de los más afinados —dijo Andrés.
Salí. En efecto. La realeza me estaba tocando. Era como conocer a Santa Claus en persona. Ya no estaba molesto. En realidad, me había ayudado.
—¿Sabes qué? Yo creo que tengo la perfecta solución para que ya no te pongas triste cuando los del salón te dicen zorro apestoso. ¿Has escuchado a River Plate? Obvio, te gusta el el fucho. Pues, a los que le van a ese equipo los llaman gallinas. Antes, eso les cagaba, obvio. Pero, pasó el tiempo. y ahora el apodo se les quedó como un orgullo. ¿Te late?
—Va.

Sala llena. Estaban todos los papás presentes, incluso los míos que ya ni se pelaban después de su divorcio. Esa noche estaba súper motivado. Andrés era una piola en el piano. Hasta la gorda del triángulo estaba más prendida que Mick Jagger. Último compás, cierre de oro.

Ven canta, sueña cantado
Vive soñando el nuevo sol
En que los hombres
Volverán a ser hermanos.

¡Prop! Pinche flatulencia se escuchó hasta la última fila. Precisa. Puntual. Justo después de la última nota. Como si fuera el cierre del timbal en do grave.

Andrés se levantó del banco y fue hasta mi silla. Me levantó el brazo como si fuera Rocky Balboa. El más virtuoso de la banda de música celebró mi pedo como la nota que le faltaba al Himno de la Alegría.

El público en alarido aplaudió como nunca. Zorro apestoso, mi alter ego, ya no era una carga vergonzosa. Era mi nombre de superhéroe. El boleto al estrellato. Ahí, me hice amigo de Andrés. Los del salón jamás me volvieron a molestar.

McCartney apesta

Tocaba el bajo.

Suplantó al verdadero McCartney (XD).

Tiene una canción que se llama Tío Alberto.

Los Wings parecían más un grupo de iglesia episcopal.

No se sabe las letras de sus propias composiciones.

Quiso demeritar a Harrison.

Él fue el verdadero rompegrupos, no Yoko.

Prefiere al Everton más que al Liverpool (WTF)

Ob-la-di-Ob-la-da, ¿qué demonios eso?

Nadie le pondría Martha a su perro.
Quiso pasar como suyas las letras de Los Borbotones (Esto no es cierto, pero hay que echarle más leña al fuego.)

¿Algo más? 🙂