No me agarres en curva (columna)

Es inútil pensar que un gobierno puede arreglar los problemas de la gente en sólo seis meses, pero pensar que la desigualdad proviene de la corrupción parecería describir un juego de niños.

Los gobiernos de centro y/liberales olvidan que no se puede quedar bien con Dios y con el Diablo. Peor aun resulta hipotecar la casa cuando todavía no se tiene dinero para el primer pago. Es decir, comprar tu base electoral a cambio de dialéctica sin contenido.

AMLO en México no es izquierda porque sigue inscrito en la lógica capitalista que mantiene el status quo de la explotación laboral en todos los estratos sociales. Ni los empresarios están contentos porque no regulan el mercado a su antojo.

El régimen mexicano es una mezcla de bondad keynesiana, sazonado con una pizca de crueldad a la Hayek en caldo tlalpeño a la Lázaro Cárdenas. No satisface la destrucción de las bases que secuestran la plusvalía generada por la fuerza de trabajo ni responde a una lógica de participación directa en el ejercicio diario de la democracia. Más bien recicla los elementos demagógicos de malos vs buenos, difunde redes clientelares, impone una visión religiosa del ejercicio público, militariza la frontera norte y es resistente a rectificar sus errores de acuerdo con el “buen criterio” del líder.

No hay nada nuevo bajo el sol. El centro siempre fue entreguista. Sucedió en Weimar y en Buenos Aires. Seguirá pasando en México o Francia. Mientras no haya una revocación del actual sistema político y económico no habrá equidad y mucho menos desaparecerán los estratos sociales que nos alejan cada vez más.

La A es de Anarquía.

Abajo el sistema.

Autogestión.

Desaparición del Estado.

¿Todavía son vigentes las marchas?

Bajo rumbo a la estación Caminero del Metrobús. No hay paso. La gente se aglomera contra las puertas de acceso. Todos los camiones están detenidos, es inútil quedarse a esperar. Veo de reojo el Twitter del auxilio vial. Es peor de lo que pensaba. Cerrada la línea 1 hasta Dr. Gálvez. ¿La razón? Gente reclama que liberen a un sacerdote acusado de asesinato.

En los años sesenta, el mundo convulsionado pedía a gritos tomar calles. A escasos 20 años del fin de la guerra, la democracia intentaba ponerse en el primer lugar de la agenda. A todos les convenía. Los gobiernos daban así un cariz de legitimidad. A los manifestantes, una verdadera plataforma para exportar cambios significativos. El discurso funcionaba puesto que los jóvenes experimentaban por primera vez una fase de deconstrucción masiva.

Pero, algo se perdió en el camino. La izquierda comunista fue perdiendo espacio ante la voraz avanzada del imperialismo y el siempre cómplice progresismo liberal. Siendo conquistadas algunas esferas claves del individuo, como la libertad sexual, se consideró suficiente que el voto haría el resto. ¿Qué sucedió? Nada.

En México, la lucha se acabó con la muerte de los héroes en Madera. Echeverría terminó por aniquilar la resistencia en el Halconazo. Luego, más tarde Salinas y Zedillo tuvieron que tratar con una luz de esperanza que todavía se encuentre indemne. Y sin embargo la sangre no para. Muestra de ello es Aguas Blancas, Ayotzinapa, Tlatlaya; vaya uno a saber hasta cuándo se acabará la cuenta.

La dialéctica no puede atarse más a la dinámica representativa porque la acción ya no la ejerce directamente el ciudadano, sino las rémoras del Congreso. Mientras el poder, no esté en manos de las colectividades, se seguirá usando para reprimir y ejercer la fuerza de la autoridad. Si Platón coincidió en que las masas pueden llegar al nivel de la ceguera eligiendo “por unanimidad” a un remero sin experiencia, entonces seamos nuestro propio barco rumbo al faro de la razón.

Yo no sabría como llamarlo en estos momentos. Anarquismo pacifista, Socialismo antiestalinista, Comunas libres. Lo que importa es acabar con la charada y liberarnos de la tutela partidista, del charrismo, del olvido. Que ya no haya marchas, mejor nuevas flores por los que ya no están, por los que vendrán.

Foto de Eduardo Villa. El abrazo de las máscaras.